La semana arrancó marcada por la negativa de Trump a la propuesta de Irán para un alto el fuego y la reapertura de Ormuz. Este rechazo impulsó de inmediato el precio del petróleo hasta superar los 108 dólares y sacudió a una renta fija que reaccionó con una venta masiva de deuda ante el temor a una inflación persistente.
Sin embargo, la posterior relajación en las preocupaciones sobre el suministro global permitió que el crudo cediera posiciones, enfriando el “rally” de los rendimientos de los bonos, pero manteniéndolos en zona de máximos.
La agenda macro estuvo plagada de referencias entre las que destacaron en EE.UU. el PCE de agosto y los datos de empleo. El indicador de inflación preferido por la Reserva Federal se situó en el 3,4%, mejorando tres décimas las estimaciones. El informe del mercado laboral sorprendió fuertemente a la baja, alejando las posibilidades de subidas agresivas de tipos de la Fed y espoleando a los mercados estadounidenses y europeos en la última sesión de la semana.
Por su parte, en la eurozona, el IPC de septiembre escaló hasta el 3,8% superando las previsiones; mientras que a nivel doméstico, el INE confirmó una aceleración de la inflación hasta el 4,9% interanual, su nivel más alto desde principios de 2023.
El Ibex terminó en los 19.085,30 enteros y registró su peor semana desde abril (-3,12%). El selectivo se vio lastrado por el sector bancario, donde las caídas fueron más acusadas para Unicaja (-8,2%) y CaixaBank (-8,9%). Las ganancias estuvieron lideradas por Iberdrola (+2,41%), apoyada en la doble recomendación de Deutsche Bank y Goldman Sachs.
En Europa se impusieron las pérdidas, encabezados por el Mib de Milán (-2,6%). No obstante, la atención se centró en París, donde el CAC cedió un 2,2% penalizado por su persistente déficit y una deuda elevada, que sitúa el diferencial de su bono frente al germano en máximos de más de una década. Por su parte Asia finalizó con signo mixto (Nikkei +2,9% y Hang Seng -2,1%) al igual que Wall Street donde destacó el 1,2% que se dejó el Dow Jones.
La deuda preocupa en el parqué: el bono estadounidense a 10 años se aproxima cada vez más al 5,3%, niveles no vistos desde 2002; el alemán se sitúa en el 3,46% y el español alcanza el 4,1%, igualando cotas de 2013. Ahora, la inquietud de los inversores va más allá de la geopolítica, el petróleo y la inflación. El incremento de los costes de financiación se une a una ecuación que mantiene en vilo a los inversores. Con todo, el parqué confía en que la solidez de los beneficios empresariales asiente la confianza en unas bolsas que, pese a un ejercicio condicionado por los conflictos bélicos y la IA, registran ganancias anuales récord.