El anuncio de una tregua de quince días entre Washington y Teherán supuso el gran punto de inflexión de la semana. Este pacto, sellado “in extremis” ante el ultimátum de la Administración Trump que finalizaba la madrugada del martes, activó un rally en los mercados, sin embargo, la volatilidad posterior demostró que la cautela sigue latente entre los inversores.
La consecuencia inmediata tras conocerse el acuerdo fue el desplome superior al 13% del barril de brent, una de las caídas diarias más abultadas de su historia y la más significativa desde la crisis del COVID. La euforia se trasladó rápidamente a los parqués que vivieron una jornada de fuertes subidas (en algunos casos superaron el 5%) y el Ibex se anotó su mayor ganancia en un año tras sumar el miércoles un 3,94%.
Nuestro selectivo se disparó un +3,69%, hasta los 18.204 puntos, recuperando prácticamente todo el terreno perdido desde el inicio del conflicto. El abaratamiento de los costes energéticos impulsó la remontada de cotizadas como ACS (+8%), Acerinox (+8,88%) y Arcelor (+13,96%), pero a su vez penalizó a uno de los valores estrella desde que comenzaron las tensiones en Oriente Próximo, Repsol, que a pesar de desplomarse un 11% en la semana, acumula una revalorización anual superior al 35%.
Los principales índices bursátiles registraron avances generalizados, destacando en Asia el 9% del Kospi coreano, en Europa el 4% del Mib de Milán y en Wall Street, el 4% del Nasdaq. Además, los inversores siguieron muy cerca las publicaciones de importantes datos macro: el PCE se mantuvo estable en el 2,8%; el PIB del cuarto trimestre cayó hasta el 0,5% y el IPC de marzo repuntó hasta el 3,3%.
En los mercados de renta fija aumentaron los intereses de los bonos a 10 años situándose el español en el 3,51%, el alemán en el 3,05% y el estadounidense en el 4,31%. En los de materias primas, el oro se aproximó al entorno de los 4.800 dólares y el petróleo cortó en seco la escalada del último mes para cerrar en los 94 dólares. El euro, en los de divisas, ganó posiciones frente al billete verde fijando cambio ambas monedas en las 1,17 unidades.
La prudencia continúa instalada entre unos inversores que prefieren no bajar la guardia. En este escenario, la estabilidad de precios sigue siendo la prioridad de la Fed, obligando al mercado a convivir con tipos altos mientras se despeja la incógnita sobre la sostenibilidad real del pacto en Oriente Próximo. Aunque las bolsas respiran, la fragilidad del acuerdo impone la necesidad de vigilar un parqué que sigue moviéndose al ritmo que dictan los precios del crudo… y los “desvaríos” de Trump.