Si nos imaginamos a un científico en su ámbito de trabajo enseguida nos viene a la mente un laboratorio, tubos y complejo instrumental. Sin embargo, en el campo de la paleoclimatología, una rama de la ciencia cuyo objetivo es reconstruir el clima pasado, muchos físicos utilizan como fuente de información y herramienta de trabajo los documentos y registros históricos. En esta última línea de investigación podemos decir que los físicos se han convertido en auténticos “historiadores” del clima.
La medición de datos meteorológicos es una actividad relativamente reciente – un siglo o dos como mucho – y resulta insuficiente, por tanto, para estudiar el clima en series de tiempo más largas. Para estudiar la variabilidad del clima en el pasado podemos recurrir a los registros biológicos y geológicos, pero indudablemente los textos escritos son una fuente de información disponible muy valiosa. Aquí es donde entra la labor del Grupo de Investigación AIRE de la Universidad de Extremadura, especializado en el campo de la reconstrucción del clima a partir de fuentes documentales.
Gracias a la investigación llevada a cabo por Fernando Domínguez Castro junto con investigadores de otras universidades españolas, una de las fuentes escritas que han resultado decisivas en la reconstrucción del clima han sido las rogativas. Las rogativas son plegarias que realiza el pueblo para pedir a Dios por el remedio o una necesidad urgente, en general, la falta de lluvia. La solicitud y desarrollo de rogativas era una práctica muy reglamentada y registrada tanto por la iglesia como por los ayuntamientos. El procedimiento comenzaba con una solicitud previa de los agricultores -los primeros en sufrir la sequía- quienes, a través de las instituciones gremiales, avisaban del problema a las autoridades. Los ayuntamientos evaluaban la decisión de encargar algún tipo de rogativa a la Iglesia. Ésta insertaba la rogativa en el calendario y convocaba al público. Toda la tramitación quedaba registrada en diferentes archivos, convertidos así en fuente importante para los estudios paleoclimáticos.
Las investigaciones permiten reconstruir las series de sequías de 1500 a 1900 y desarrollar un patrón de la sequía en España. Los expertos han consultado los registros en 16 ciudades españolas, Toledo, Zamora, Bilbao, Santo Domingo de la Calzada, Calahorra, Zaragoza, Vic, Barcelona, Teruel, Tortosa, Gerona, Tarragona, Murcia, Zafra y Sevilla, buscando principalmente los periodos de tiempo que las poblaciones dedicaban a celebrar rogativas de manera continuada y al mismo tiempo, en todas las estaciones del año. Estas variables objetivas, que miden la correlación de las rogativas con los días sin lluvia, ayudan a determinar el dato importante, la duración de la sequía. Así por ejemplo, según explica Fernando Domínguez, la concentración de rogativas en distintas localizaciones de España observada de 1750 a 1754, y posteriormente en 1800, indica la persistencia de una sequía en la mayor parte de la península ibérica con probables perjuicios socioeconómicos en la población.
Los resultados obtenidos a partir del registro catedralicio de Toledo han sido publicados por los investigadores en la revista científica “Global and Planetary Change” y, recientemente, en la revista de divulgación “Investigación y Ciencia” (enero 2012). De acuerdo con esta última publicación, para generar el registro de rogativas toledanas fue necesario consultar más de 450 volúmenes de actas y libros capitulares donde se describe el día a día de la Catedral de Toledo desde el siglo XV.
Por último, para aquellos que os interese este tema y busquéis mas información, la UEx, Campus de Excelencia Internacional Hidranatura
, forma parte del proyecto Salvà-Sinobas http://salva-sinobas.uvigo.es, formado por 8 universidades españolas, cuyo objetivo es caracterizar la variabilidad climática en la Península Ibérica durante el periodo 1750-1850 mediante fuentes documentales y variables naturales, entre otras.