Del conflicto a la comunión
En el mes de Enero hemos celebrado el octavario de oración por la unidad de los cristianos. Son días intensos de ecumenismo en el camino del deseo de la unidad entre las iglesias cristianas para llegar a ser la única Iglesia de Jesucristo y así ser fieles al deseo profundo de Jesús de Nazaret cuando pedía en su oración ante el Padre de Dios que todos fuéramos uno como lo eran el Padre y él. Pero ese deseo de unidad este año tiene un sentido especial porque se cumple el quinto centenario del inicio de la reforma luterana, fecha simbólica y referencial para los “protestantes”.
El papa nos ha llamado a reforzar los caminos de la unidad y el encuentro. Él mismo lo hizo de un modo simbólico y universal al firmar con el presidente de la federación de las iglesias luteranas el documento llamado “Del conflicto a la comunión”. En él se nos invitaba a unirnos a estas iglesias hermanas para celebrar esta fecha tan conmemorativa para ellos. Pues bien, ese espíritu del Papa Francisco y ese deseo va haciéndose capilar en el cuerpo eclesial y va llegando poco a poco hasta la base, hasta el pueblo. Y como siempre son los sencillos los que menos reparos tienen en vivir y acoger lo que es positivo y llama a la unión. Así lo he vivido y percibido hoy en la Roca de la Sierra, pequeña población situada a medio camino entre Badajoz y Cáceres. Allí conviven la Iglesia católica, que lleva siglos enraizada, dando luz y sentido a sus feligreses, y una reciente comunidad de la iglesia evangélica “de la Esperanza”. La católica acompañada por el sacerdote Diego Valle, la evangélica por el pastor Henri Boada.
Diego y Henri, dos pastores con corazón
Al conocer a este pastor con motivo de la semana de la unidad, como delegado de ecumenismo en Badajoz, hablamos de la posibilidad de hacer un gesto de comunión y oración compartida en esa localidad, donde hasta ahora se saludaban como conciudadanos pero no habían compartido como cristianos. La mayoría de los católicos nunca habían estado en el ámbito de ese centro evangélico que ocupa el local del antiguo cine del pueblo. Incluso Henri, al comienzo de estar en la población, alguna vez lo pasó mal por su singularidad religiosa. Le hablé de que no iba a encontrar ningún obstáculo en el sacerdote, sino más bien acogida y cariño pastoral. Así ha sido según me ha confesado varias veces en la preparación de este evento.
Se conocieron, se saludaron y quedaron en preparar juntos una celebración de reconciliación y oración compartida entre las comunidades eclesiales. Se vieron en un espacio sencillo, tomando un café en un bar del pueblo, la gente se alegraban de verlos juntos y lo expresaban con admiración. La idea era acercarse la comunidad católica a su centro y celebrar juntos con motivo del quinto centenario de la reforma. La celebración litúrgica ha sido tomada de los materiales elaborados por la comisión luterano-católica con motivo de la semana de la Unidad: “Del conflicto a la comunión. Nos apremia el amor de Cristo”.
Una repuesta de comunión y generosidad mutua: Unidos por la misericordia
La respuesta de la comunidad católica, ante la invitación del sacerdote, ha sido desbordante, niños, jóvenes, matrimonio, mayores han acudido y abarrotado el local, sin prejuicios ni miedos, con confianza y deseo de compartir. Los pastores gozosos y felices de esta comunión y cercanía, de esta fraternidad. Si algo había de muro o distancia, no hay duda de que hoy se ha caído. Allí han pedido perdón juntos por todo lo que ha sido división, rechazo, persecución, odio, exclusión, guerra…hemos reconocido la idiotez de los muros y las etiquetas que nos separan y dividen, viendo que eso nunca puede venir de Dios. Se ha escuchado la palabra de Dios, con el profeta Ezequiel que nos hablaba de un corazón nuevo frente al pasado, con el apóstol Pablo que nos decía que no podíamos mirarnos desde la carnalidad del egoísmo y la comparación, sino desde el amor de Cristo que nos apremia, y después el evangelista Lucas nos ha encendido con la parábola del Padre bueno que abraza a su hijo , cuando viene roto y dividido por la ceguera y el orgullo que conducen al fracaso personal y entre hermanos. Tanto Henri como Diego han hablado en sus sermones al corazón de lo humano, desde los sentimientos de Cristo que nos muestra al Padre y han hablado de lo que nos une y nos llama a caminar juntos, para vivir con más profundidad nuestra relación con Dios y los hermanos.
Una celebración de la sencillez y del camino de la verdadera unidad
Ha sido una celebración de ecumenismo puro en la sencillez, el credo, el padrenuestro, la paz ha brillado y nos ha entrelazado con las manos y el corazón. Ha sido un paso más de amor entre los cristianos que se sienten llamados a ser testigos de ese amor en medio del mundo. Cada uno con sus riquezas y su historia, sabiendo que no están llamados al conflicto, ni siquiera a la fusión excluyente, sino al enriquecimiento mutuo, para que todos puedan creer que Dios ha enviado a Jesucristo y que todos nosotros, unos y otros, hemos sido salvados por él.
Soy testigo de que hoy en un pequeño pueblo de Extremadura, en la Roca de la Sierra, se ha hecho a pie de calle, con calor y sabiduría rural, lo que el Papa y el representante luterano hicieron a nivel mundial. El pueblo sencillo entiende el mensaje y los gestos del Papa Francisco, que fiel al Concilio Vaticano II y a los 50 años de andadura del proceso ecuménico, nos invita a estar más unidos, a conocernos y reconciliarnos ante el altar y ante el mundo.
Felicito a la Roca de la sierra y a sus pastores por este signo de unidad y de comunión en Cristo y su gracia salvadora. Y os invito a ver la alegría y el gozo con que los pequeños vivían este momento: La voz y el corazón de los niños
José Moreno Losada. Delegado de Ecumenismo y diálogo interreligioso de Mérida-Badajoz.