Tarde de gloria y luz
Tarde de gozo, alegría y fiesta en nuestra parroquia. Ojalá ellos siempre fueran los primeros para nosotros. Gracias de corazón por venir y alegrarnos con vuestra sencillez y cariño!
A lo largo del año organizamos algunos encuentros en nuestro patio parroquial con nuestras “personalidades”, unas veces los niños de catequesis, otras con personas y familias de las parroquias con motivos de convivencia y solidarios. Y las más extraordinarias son con los chavales de los centros que nos rodean y que sabemos que deberían ser el corazón de nuestra parroquia. Los centros de Aspaceba, Apnaba, Aprosuba, Colegio de la luz… Ahí hay un tesoro por descubrir por nosotros pero que otros tienen muy descubiertos hace mucho tiempo: sus padres, sus cuidadores, profesionales, los voluntarios…
Esta tarde, cuando ya va acabando el curso, nos hemos reunido con ellos y hemos compartido una merienda, pero sobre todo ha sido lugar de encuentro entre ellos y con nosotros. Una familia, otro modo de hacer pandilla, de salir de la rutina, de mostrar habilidades, de colaborar, de cantar, bailar, reír, saludarnos, abrazarnos, fotografiarnos, despedirnos, reconocernos… toda una letanía de verbos todos de fraternidad y familiaridad.
Un material humano noble y divinoY esto es posible por el material humano de base que aportan ellos: sencillez, sinceridad, humildad, agradecimiento, disponibilidad, disfrute, sin prisas, con ilusión… Y lo que más me gusta es que la descripción la puedo hacer escuchando a sus padres, que me hablan de ellos y de otros chavales, y de otros padres. Cada día estoy más convencido que este mundo tiene tesoros escondidos que son la clave de la enfermedad que la humanidad tiene, tesoros de una humanidad compasiva que ha descubierto que en los límites y en la debilidad está la fuerza del amor más puro y sincero, el que realiza al hombre desde dentro y le descubre que es divino. Admiro a todos aquellos que han descubierto que la grandeza y el poder de lo humano está en la compasión que entiende que en la pasión del otro está la luz y el deseo de resurrección, resurrección que sólo es posible si caminamos juntos. No hay vida para mí si no la hay para ti, no hay compasión para mí si no la recibo de ti. Crecer en la misericordia del amor entregado porque ha sido seducido por lo entrañable de la debilidad sincera y agradecida es lo más grande de este mundo y los que lo descubren tienen un tesoro que nadie nunca les podrá quitar.
De homenaje y monumento
Me gustaría hacer homenaje a los padres de todos estos chavales, a los profesionales que los cuidan con vocación auténtica, a los voluntarios que entienden que compartir la vida con ellos es la mejor inversión porque en su compañía es como se hacen más humanos y más dignos.A ellos homenajes, pero a los chavales monumentos, porque ellos saben tallar la vida a momentos, a sorbos y le van sacando , sin precio, lo mejor al minuto, la infinitud al límite, la sonrisa al dolor, el gesto a la parálisis, las entrañas a los que les rodean, la fiesta a la tormenta, la fuerza a la debilidad, el abrazo al extraño, el baile a la silla de ruedas, el canto al mudo, el ritmo al parado, la gracia a la desgracia.
Al Dios desconocido y tan cercano
Después me he ido a la mesa del altar y los he comulgado, a la luz de la palabra de Dios en Pablo que nos hablaba del altar al Dios desconocido y decía que él lo conocía, que era Jesús el crucificado que ha resucitado. Lo mandaron a callar, los romanos porque no podían oír hablar de esa locura de resurrección de un crucificado. Y yo me acordaba de ellos, en concreto, de Antonio Padre de Antonio Manuel, con autismo, que me decía hoy que en la cruz, mirando a su hijo, hay resurrección, que ellos sacan lo mejor de nosotros, que ellos nos resucitan y que resucitamos juntos. A mí solo me falto aclamar sus frases con “Palabra de Dios”. Y es que en esos templos: Apnaba, Aspaceba, Aprosuba, La luz… ahí está el verdadero Dios, desconocido para muchos, pero para los que lo encuentran fuerza de salvación. Sí, sin duda, hoy he vuelto a creer que hay cruces que nos resucitan cuando las abrazamos, porque tienen el mayor amor en su aparente mayor debilidad. Somos una parroquia con suerte, a ver si sabemos estar a la altura de esta llamada tan humana y tan divina, otra vez estamos con lo “divino de lo humano”.
Feliz baile: https://www.facebook.com/1566593959/videos/10213160209150949/