Buscadores de felicidad
La humanidad se define por la búsqueda de la felicidad, las personas somos buscadores de algo que siempre está por hacer, nuestra vida es tarea, problema a resolver. La solución que todos ansiamos es la de la realización, deseamos ser felices y todo lo que hacemos, desde lo más básico hasta lo más complejo, va transversalizado por esta inquietud de absoluto de nuestra realidad finita y relativa. Mala cosa es cuando el horizonte de nuestra plenitud lo esperamos de fuera y hacemos de la felicidad algo externo, lo ponemos en manos de otros o de bienes externos, ya nos avisan los que miran la historia y el corazón de la humanidad, tanto desde la filosofía como desde la religión, que la felicidad es una tarea interior.
Un artículo muy interesante
Digo todo esto al hilo de un buen artículo que nos ofrecía Antonio Paniagua en el diario HOY –La felicidad– hace unos días acerca de la felicidad, la psiquiatría y la psicología, y en concreto de los fármacos de dicha “felicidad buscada”. Lo hacía a partir del libro de Hilario Blasco-Fontecilla que titula “Hacia un mundo feliz”, en el que lanza una aseveración sencilla y firme: “Los pacientes deben aceptar que la infelicidad y el sufrimiento forman parte de la vida”. Me recordaba el título de un libro significativo en este tema: “Menos Prozac y más platón”, haciendo referencia al saber pensar y vivir desde la realidad concreta en la que nos situamos y somos, en el mundo real de nuestras posibilidades y limitaciones. El artículo me sirve para iniciar mis temas en la facultad de educación con los que se preparan para ser futuros maestros de educación infantil y que ya están en el último peldaño para la obtención de su título de grado.Les planteé unas cuestiones sencillas, tras la lectura del artículo, acerca de la cultura en la que vivimos, el modo de pensar, de sentir y de actuar con el que nos movemos en nuestra sociedad.
Anécdotas de contraste
Les conté dos anécdotas sencillas, una referente a lo que me había pasado en la mañana al llegar a la facultad y otra de Cristina, una universitaria de referencia para mí. La primera se trataba de un joven que lo había visto salir de la facultad, con un bote de biofrutas en la mano, lo había depositado encima de un coche, se había adelantado a donde estaba la hilera de los coches en el aparcamiento del centro y se había puesto a orinar sin más entre ellos, volviendo a recoger su bote de zumo y entrando de copiloto en un coche apartado a esperar sin más… o sea, allí mismo sintió deseo de orinar y ,sin más, en el propio aparcamiento dio rienda suelta a su deseo, aunque la facultad está llena de servicios bien limpios y preparados para esa necesidad humana. En el mismo día, Cristina, tras una trasplante de corazón, con dificultades y limitaciones propias del mismo y de su lucha entre la vida y la muerte, se disponía a seguir con sus clases de económicas luchando a cada minuto para vencer la dificultades y esforzarse al máximo para prepararse y vivir su vida, el esfuerzo se convierte en su respuesta a la debilidad que podría justificar su pereza y su pasividad. Los dos desean y buscan la felicidad, pero por caminos distintos. Está claro que Cristina está asumiendo a marchas forzadas que la enfermedad, el dolor y los límites forman parte de la vida.
Cuestiones planteadas
Les pregunté si a ellos les afectaba la temática del artículo, a sus amigos, qué signos veían en su ambiente que confirmaban esta desorientación en torno a la felicidad y la realización y humana. Y aterricé en lo que se refiere a los niños de tres a seis años: ¿Creéis que los niños están afectados por esta visión de una vida sin dolor, sin límites, sin enfermedad? ¿La escuela ha de tener que ver algo con esto? ¿Para qué debe servir la escuela y la educación infantil dentro de ella si queremos una educación integral?
¿Qué piensan los jóvenes y futuros maestros?
Quiero profundizar con ellos acerca del sentido del estudio y de la escuela, me parece básico para poder fundamentar aquello que quiero transmitir con mi asignatura de pedagogía y didáctica de la Enseñanza Religiosa Escolar en educación infantil, donde se intenta favorecer unas competencias y valores acerca del sentido de la vida, del pensar y del sentir, en orden a caminar en un proyecto de vida autónomo, crítico y esperanzado. Les invité a compartir sus reflexiones e ideas en este espacio público para desarrollar sus competencias de expresión y reflexión y así compartir este pensamiento de jóvenes actuales con todos vosotros los que os asomáis a la ventana de este blog. Escuchemos con atención.