“HAS ELEGIDO VIDA”
(In memoriam Juan Martín González)
Venimos a la existencia, no arrojados sino enviados:
Así llegó Juan al mundo y a la historia, en una familia sencilla y honrada. De sus padres recibió la luz de una existencia agradecida, en una infancia y juventud educada, en la que creció en estatura, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres. Adquirió y conquistó una personalidad que es la que le ha caracterizado a lo largo de toda su vida. Ahí fue hijo y hermano, familiar entrañable, descubriendo la ternura y el cuidado que después le han acompañado toda su vida. Todo lo vivió agradecido.
Saber ser y saber hacer, vocación y vida
Vocacionado entra, muy joven, en el camino del magisterio e hizo de la profesión un lugar de encuentro con los otros, un mundo de relaciones y de servicio a lo largo de toda su vida en lugares y con personas distintas, como compañeros y discípulos.
Cuando el amor es donación y fidelidad
Vivió la grandeza del amor y el enamoramiento en el encuentro con Rosa, su esposa fiel, con la que ha compartido la vida hasta la muerte, hasta el último suspiro ya deseado para lograr el descanso, en una vida que se ha hecho corta pero fecunda, en una ausencia que ahora parece una nube, pero que será sacramento dolorido de su presencia.
Padre amable
De ese amor y esa entrega, la corona de los hijos Rubén y Juan Manuel, paternidad a pequeños sorbos para que no se escapara ningún momento de sus vidas, entre la protección cuidada y el deseo de su libertad, para que fueran ellos mismos con autenticidad y originalidad.
Señalado por la riqueza de la amistad
Rodeado de amigos, en la sabiduría de que la vida es vida cuando se comparte y se celebra. Débiles pero amigos, para caminar juntos y desbrozar caminos de novedad y de agrado, en la vivencia de la sencillez de los momentos y los lugares.
Criatura y creador
Todo tocado de color y creatividad, en la humildad del artista la grandeza de reflejar lo creado con la luz de lo nuevo y lo atrevido para que la huella, sin dejar de serlo, fuera mínima, y así dejar que la obra fuera más auténtica.
Juan, tu eres mi hijo amado, en ti me complazco
Soy testigo de que has sido un buscador de Dios y su evangelio. Lo has tenido a tu lado y le has abierto las puertas, en lo bueno y en lo duro, en lo seguro y en el riesgo, en la luz y en la noche. El ha estado a tu puerta y ha llamado, y tú has sentido que cuando le abrías entraba y cenaba contigo, en la mesa de la esperanza y del amor.
Adiós…
Y ahora estamos aquí, toda esta asamblea, junto a tu familia querida, queriendo ser sacramento junto a tu persona, hemos venido a celebrar esta comida sagrada –de la que tú has sido comensal tantas veces- comida de despedida, poniendo tu persona en el altar de Dios, en la patena de la ofrenda y en el cáliz de la vida cumplida y merecida. Hemos escuchado la Palabra de Dios buscando consuelo y serenidad, sabiendo que tú, Padre del Cielo, acoges a los cansados y agobiados que desean tu descanso. Hoy queremos sentir que Juan ya ha entrado en tu gloria y tiene la vida que no se marchita, pero también queremos tu consuelo, tu fuego de esperanza, para vivir este momento con la luz y el color de los cielos y atardeceres que Juan contemplaba y recreaba pintándolos con sus manos y su corazón.
Necesitamos hacer lectura creyente, Señor, de tu historia con él, imaginar y creer en el encuentro definitivo que nuestro hermano ya ha tenido contigo. Y nos sirve para ello, la palabra de la vida. Tú has puesto ante él vida y muerte, luz y oscuridad, y él ha querido ser fiel a su conciencia y vivir con el deseo de lo auténtico, aun en medio de su debilidad. Hoy tú lo habrás recibido con la ternura de Padre y nosotros escuchamos el eco de tu abrazo en el corazón de nuestra fe:
“El encuentro del Padre Dios y este hijo querido”
Oración:
– Juan querido, hijo mío, no tengas miedo, vienes entrando a la luz en el corazón de mi hijo crucificado, el ha estado contigo, abrazado a ti y a los tuyos en tu enfermedad, y ahora te acompaña, con la gracia de resucitado, para que tú tengas la alegría y la vida consumada. La paz sea contigo, mi paz, la que mi amor quiere regalarte, la que tú has buscado siempre en el interior de tu conciencia.
” Puesto que has sido fiel en lo poco, pasa a la fiesta y a la mesa de mi reino”: