JORNADA DIOCESANA DE PASTORAL MISIONERA EN LA IGLESIA DE MÉRIDA-BADAJOZ
M
añana jornada diocesana de pastoral misionera en Villafranca. Trescientas cincuenta personas, laicos, religiosos y sacerdotes, llenarán el salón de actos del colegio san José, para escuchar al nuevo obispo de Getafe, Ginés que dibujará lo que supone la conversión pastoral en orden a ser una Iglesia misionera que sale al mundo para ser semilla, levadura, sal, grano de mostaza y así anunciar la alegría del evangelio. Experiencias de vida de distintos ámbitos de misión y novedad serán expuestas para recibirlas como claves ya en acción, desde lo significativo que se revela en lo pequeño. La tarde nos abrirá a talleres de novedad en torno a la familia y los jóvenes hoy. La convocatoria ha sido en este tiempo de pascua en el que se nos pide caminar hacia adelante e ir a Galilea, a la novedad de lo que emerge en la propia vida cuando nos centramos en ella y en el evangelio sin más, ojalá este sea mañana nuestro espíritu, que saliendo de nuestras tumbas y sus losas, sepamos caminar al mundo con la fuerza del espíritu. Allí nos veremos:
“Id a Galilea”:
A comunidades de vida fraterna – Parroquias, movimientos, comunidades de vida, grupos, voluntariados-, donde nos cuidemos, acompañemos con ternura y afecto, y todos nos hagamos cargo de la realidad comunitaria, abriéndonos a los que más nos necesitan y los que son los primeros destinatarios de la buena noticia del Evangelio por su sufrir y ser pobres.
A celebraciones familiares, cargadas de vida y de sentimientos de la vida ordinaria de la comunidad, en las que la Palabra de Vida nos llene de significado nuestra propia existencia y lo que vamos viviendo en lo diario de nuestros pueblos, calles, trabajos, relaciones…que nos animen a un compromiso de transformación y esperanza.
A los verdaderos sentimientos de las bienaventuranzas –moral de vida e ilusión-, sabiendo descubrir cómo en nuestras casas, en las familias, en la calle, en nuestros trabajos, todos los días hay personas que son bienaventurados y trabajan porque los otros sientan su cuidado, su entrega, su cariño, para que sean más felices.
A la implicación por favorecer la justicia y la igualdad en nuestra tierra, como signo real y eficaz del Reino de los cielos que Jesús ha prometido, y al que sabemos que llegamos sembrándolo en la tierra de cada día.
En los portadores de optimismo y buena noticias para el mundo, desde una educación en los valores del amor y la fraternidad universal para nuestros niños y jóvenes, sabiendo que es posible avanzar hacia la plenitud por los caminos propios de la levadura insignificante y del grano de mostaza pequeño.
Las conclusiones serán luz para el camino a seguir en la Iglesia diocesana con el ánimo de revitalizarse y ser una Iglesia del servicio y de la compasión de la humanidad, en especial de los que sufren en nuestras sociedades.