Cuenta un conocido mío, que dos de su pueblo, visitaron la estación de ferrocarril de Talavera de la Reina y regresaron al pueblo muy contentos diciendo que habían visto el tren, pero no de cualquier manera, sino al tren “en persona”.
Cuando uno piensa en encontrarse con la representación de estados muy concretos, como la felicidad, la serenidad, el optimismo, cree que van a estar perfectamente definidos y separados del resto de sensaciones, en esta puro.
El pasado sábado, he tenido el honor de participar en el congreso nacional de jóvenes empresarios, invitado por AJE y por el gabinete de Iniciativa Joven, a los cuales agradezco infinitamente esta oportunidad.
Sensaciones muchas, conclusiones, también…
Pero si me ha quedado algo impregnado de este congreso es el optimismo “de fondo” presente entre los asistentes y en los asistentes.
Es un optimismo que se representa en personas que se encuentran en un camino, y que aun reconociendo al grandes dificultades existentes, no dejan de tener claro que hay que empujar para salir de la crisis y que están con la mente y los oídos bien abierto, para si fuera preciso, volver a innovar, volver a crear otra aventura empresarial, en el campo que fuera preciso, para seguir adelante, para no dejar de aportar su granito de arena, y conservar además un trozo de pensamiento para una cierta responsabilidad colectiva.
He podido compartir con personas que han llegado a este congreso con muchos apuntes tomados de otros actos, con muchas reflexiones escuchadas y con una visión muy clara de lo que quieren y deben hacer, y sin ninguna gana de tirar la toalla.
Ante esto, uno solo puede aportar matices, y sumarse encantado a esta corriente.
Muchas gracias de nuevo a organizadores y por supuesto a todos los asistentes.
Un abrazo.