¡Ese es un trepa! —golpea en la barra y se parte con su propio chiste. Pero en el fondo tiene razón: no ha hecho otra cosa desde que nació sino trepar. Trepar a los árboles de África en busca de comida, trepar a las vallas de Europa en busca de una vida mejor, trepar por una fachada de París para salvar a un niño. —Ya, y de paso que legalicemos su negro culo —escupe y reposta del cubata mala baba—, pero yo me refiero al tipo ese que ahora se mata por hacerse un selfi con el mono y hasta ayer lo miraba como si fuera a contagiarle el ébola. ¡Ese es el trepa que más asco me da!