Tira las cañas como nadie y prepara una lengua en salsa que quita el sentido. El problema es que la acompaña de unas tabarras mortales. Los clientes no dicen nada, se arman de paciencia, consumen sus delicias al trágala y huyen. Comentan por lo bajo que se le ha ido la pinza, él sonríe y se acuerda de cuando trabajaba en aquel local de copas y tenía que soportar borrachos hasta las tantas. Ahora le toca vengarse torturando a los clientes con sus propios chistes insufribles y sus ocurrencias para arreglar el mundo. Y que aguanten, si quieren disfrutar de su lengua en salsa.