URGENCIAS ES UN QUILOMBO. Las prisas de los camilleros resultan decisivas para doblarle el brazo a la tragedia. Pruebas y datos barajan las cartas en triaje. Los médicos jóvenes cortan y reparten según su mejor entender, invocando al vuelo los datos aprendidos en la carrera. Las enfermeras sortean obstáculos en los pasillos para llegar a las camas antes que el fracaso. Un desfile caótico de hormiguitas laborando por salvar vidas. No hay bastante material en planta, en cuidados intensivos, en algunos cerebros: todo lo que falta se lo fumaron hace años los canallas especuladores mientras saboreaban un whisky que no podíamos pagarles. La gente muere en los boxes. En una confortable sala contigua, vestidos con batas blancas y estetoscopios al cuello, ciertos políticos y sus más fieles voceros juegan al tute mintiéndose entre ellos con muecas falsas.