ELADIO, FUNCIONARIO OFICINISTA, es en lo suyo un artista. Siempre ocupado, preocupado, ensimismado, sin apartar los ojos del monitor, como queriendo decir. Esforzado y generoso, cumple a rajatabla con el horario y hasta regala a la administración algunos minutos de su tiempo, tan valioso. Es el primero en llegar y el último en marcharse, y a todos sonríe desde su pedestal de funcionario ejemplar. En realidad –he aquí su arte–, da más bien poco golpe. Sabedor de que en la oficina suele triunfar quien parece trabajar y no quien de verdad lo hace, su arrastrada labor consiste en convencer a los jefes de ser imprescindible. Ahora Eladio teletrabaja, ¡puerco virus!, y ahí lo tienes, solo en su habitación, sin público al que engañar, mohíno y pitañoso, esclavo del reloj, viendo pasar aburrido los segundos del Buscaminas en la pantalla del ordenador.