NO MUCHOS DE VOSOTROS PODRÉIS presumir de haber sufrido una vida tan azarosa como la mía. He vivido episodios que ni imagináis. Como el día que me libré por los pelos de los tiros que un loco se puso a disparar contra mí sin mediar palabra ni conocernos de nada. Y cuando digo por los pelos, quiero decir que escapé herido leve de una jauría de perros de presa incapaces de hallar el escondrijo donde me refugié. Horas más tarde me rescató un dominguero samaritano del que con el tiempo me hice amigo y hasta socio. Un gran tipo, aunque todo lo que tiene de buena persona lo tiene de mago mediocre. En fin, a él le hace ilusión exhibir su magia ante la familia y a mí no me importa echarle una mano. Así que aquí estoy, esperando en el doble fondo de su chistera a que me saque de las orejas por arte de birlibirloque, como si fuera un conejo de feria.