ABRO EL PERIÓDICO MIENTRAS PASEO. Atrincherados en sus escaños, los políticos bombardean muertos. ¿Y a quién le importa? A mí no, desde luego. Solo a las familias y solo el de cada una. Pero la política es capaz de ensuciarlo todo, incluso lo más sucio, la muerte. Me asalta una vieja vestida de mugre que extiende la mano. La miro con desdén y acelero el paso. Unos metros más allá, otra anciana vuelve a pedirme limosna. Cuando me enfrento a su mirada amarilla, me estremece descubrir que es la misma de antes. Aunque no puede ser, claro. Más por superstición que por caridad le doy un euro. A cambio ella me entrega un papel doblado en el que leo: «Cada muerte me empequeñece porque formo parte de la humanidad. Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti», John Donne. Y cuando levanto la vista buscando a la anciana…