NOTO UN SINSABOR que me hormiguea en el cerebelo. Será este calor voluble. O el cansino virus. O que se acaban las vacaciones y la rutina asoma ya su fea jeta. Aunque, si soy sincero, lo que más me agobia es la salud de Kiko. Ya sé que un columnista «comme il faut» no debería enredarse en frivolidades de telebasura, pero ¿cuándo si no en verano puede uno dejarse llevar por el oleaje piscinero de la banalidad? El caso es que al parecer Kiko tomó un vuelo discreto y, en compañía de una enigmática dama, se largó a recuperarse de lo suyo a un país remoto, dicen que a Emiratos. Y aquí es donde brota mi angustia a borbotones. ¿Qué hace el rey del cotilleo en ese golfo? Que yo sepa, él no tiene amiguitos jeques, ni pasta para vivir en un país tan carísimo, y tan árabe. A no ser que se haya forrado estafando a Hacienda, que no lo creo. ¡Y encima se apellida Matamoros!