DE JOVEN LE LLAMABAN el Melenas, ahora es calvo de raparse. Por genética, aunque también podría ser por culpa de su carácter ansioso e hipocondríaco. Se pasa las horas muertas buscando en internet enfermedades graves que puedan justificar una punzada en el pecho, un picor traicionero, una extrasístole. Ayer por la mañana cayó presa del pánico cuando miró el fondo del váter. Descompuesto, se abalanzó al ordenador y tecleó. Allí estaba, en Wikipedia. Llamó a su mujer y con voz trémula leyó: «¡Mira, se llama melenas: signo clínico que refleja una hemorragia digestiva por la presencia de deposiciones con sangre! ¡Tengo cáncer!». Ella, Miss Paciencia desde el día en que se hicieron novios, con más hartura que afecto le asestó un pescozón: «¡Te he dicho mil veces que abusas de los chipirones en su tinta, melenas!». No solo se quitó un gran peso de encima, también se quitó cuarenta años.