MI AMIGO BASILIO SE DOCTORÓ en Filosofía y Letras, pero las turbulencias del mercado laboral lo condujeron hasta el Museo del Prado, de vigilante de sala; en su caso, de la sala 67. Basilio es pedante y madridista, y como yo soy culé y le tengo cariño y gato a partes iguales, cada vez que pierden me entran unas ganas locas de volver a recrearme en los Goyas de su sala. La última vez me ilustró: «Ya sabes —sabiendo que no lo sabía— que la entusiasta volteriana Evelyn Hall publicó en una biografía sobre su héroe una frase que erróneamente se le adjudica al mismísimo Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Pues eso: tú eres del Barça, pero yo te lo perdono porque soy un verdadero demócrata, el epítome de la tolerancia». Me pareció ver de reojo que dos machos cabríos se miraban estupefactos ante el «Duelo a garrotazos».