ANDAN A LA GRESCA DESDE HACE TIEMPO y hoy se han vuelto a enzarzar. Se dejan arrastrar por una furia cretina y cuando quieren parar ya es tarde. El orgullo morrudo no les permite ni siquiera ahorrar en gasolina compartiendo coche camino de la Orquesta Nacional. Son dos virtuosos del clarinete que al tocar transforman el ruido de sus broncas en pura competición melódica y los gritos de reproche en armonías de una complejidad enigmática. Esta noche, en el concierto, soplando semicorcheas al ritmo del metrónomo, se miraban con una sonrisa canalla, con la complicidad exclusivísima de saberse, juntos y por separado, creadores de belleza. Tras los fervientes aplausos del público, han regresado a casa en una olla a presión con apariencia de taxi. Luego han vuelto a enfrentar las miradas, han lanzado un par de suspiros sincopados y han acabado galopando al compás del «Bolero» de Ravel.