EL VERANO DEL AÑO PASADO decidió que sería el mejor de su vida. En la noche de San Juan encendió siete velas sobre un tapiz rojo y quemó la hoja de papel donde había escrito sus siete grandes deseos, se frotó el cuerpo con una rama de romero y se lavó la cara con agua de lavanda bendecida por la luna llena. A la mañana siguiente se subió a una banqueta para bajar del altillo la sombrilla de la playa y se cayó. Fractura de cadera, quirófano de urgencia y tres meses de reposo. Vio pasar el verano desde la ventana. Le dieron el alta el mismo día que entraba el otoño. Anoche rescató la libreta y empezó a escribir sus siete grandes deseos para este verano. Se detuvo, sonrió, arrancó la página y la tiró a la papelera. En la nueva hoja escribió: «Tomarme un enorme helado de pistacho», y lo subrayó tres veces. Al salir de casa a cumplir su propósito se le cruzó en el camino un gato negro.