ONCE AÑOS LLEVABA DOÑA ELVIRA pidiendo una rampa para el portal. Al principio bajaba apoyándose en el pasamanos; después, del brazo de algún vecino amable. Hasta que renunció. Su petición aparecía en cada junta de la comunidad. Pero el del primero alegaba que afearía el zaguán; la del tercero, que obligaría a cambiar la ubicación de los buzones; el administrador, que no había dinero. Doña Elvira escuchaba las votaciones desde su casa, sentada junto a la puerta, y luego regresaba despacio a la salita. La nueva presidenta consiguió una subvención. Obras, polvo, martillazos y una inauguración con fotos para las redes. Todos posaron junto a la rampa y brindaron por un edificio más humano. El administrador habló de empatía y convivencia. Doña Elvira pudo estrenar por fin la rampa el viernes. Agradecieron no tener que bajar los escalones los cuatro operarios que portaban su féretro.