DECÍA EL CLÁSICO: ‘Vive cada día como si fuera el último’ —jeringaba ingrávido a Camilo el cliente habitual antes de sorber un vino de cien pavos y exhalar el placer que lo desbordaba—. Aunque… la inminencia de morir te impulsa a disfrutar de los mejores placeres de la vida, que suelen ser los más caros —agitó la copa—. Y es probable que sigas vivo mañana, y pasado mañana… así, hasta que tu tarjeta de crédito te avise de que estás sobreviviendo por encima de tus posibilidades y que has de volver a vivir como si ni mañana ni pasado mañana fueras a morir, ¡enhorabuena! O sea, que tienes que seguir siendo eternamente pobre. Por eso, con permiso del clásico, mi consejo es que vivas cada día como buenamente puedas, que por cierto no sé cómo se dice en latín». —‘Quidni abeas!’ —(¡Por qué no te pierdes!), fingió ilustrarle hastiado Camilo el camarero, licenciado en Filología Clásica.