ANTES, CUANDO EMPEZABA A HACER CALOR en el laboratorio, bastaba buscar al encargado de mantenimiento y pedirle que apagara la calefacción. Él asentía, desaparecía y al poco la temperatura se normalizaba. El nuevo responsable ha dispuesto que es preceptivo solicitarlo por correo electrónico, del que acusará recibo y que trasladará al director para que emita su veredicto sobre la conveniencia de la petición. El director deberá responder por escrito confirmando el exceso térmico y el nuevo jefe comunicará la orden a los operarios, quienes demandarán el visto bueno de su encargado, el mismo que antes cerraba la llave sin más trámite. Para entonces, la primavera habrá irrumpido con tal insolencia que el caluroso de siempre pedirá encender el aire acondicionado. A todo esto, el ratón blanco del laboratorio sigue buscando incansable la salida de un laberinto que en realidad nunca la tuvo.