UNA MAÑANA, tras un sueño intranquilo, Gregorio despertó convertido en un balón deshinchado. ¿Qué pasa?, ayer me dormí tieso como una vara y hoy me levanto flácido y sin voluntad. Pero su nuevo estado no era tan nuevo: hubo una etapa esférica de su vida en que se inflaba y desinflaba a conveniencia, y esa misma capacidad de rebotar en todas direcciones lo llevó a la posición que ahora disfruta. Años vergonzantes que creía olvidados. De pronto cae en la cuenta y sonríe. Mañana volverá a ser don Gregorio, el jefe inapelable. Hoy es domingo de carnaval y su apariencia kafkiana es solo un disfraz.