EL MUSLO DE POLLO ES UNA ALCAYATA de carne hervida sumergida en una aguachirle turbia. Luce menos vocación de almuerzo que de autopsia, y sin embargo Federico no le quita ojo: su señora va recuperando el hambre, él no puede ya pimplarse como antes su triste menú hospitalario y en casa el ERE ha vaciado la despensa. Además, ese muslo va a echarse a perder porque no tiene quien lo disfrute: murmuran por los pasillos que al compañero de habitación se lo han llevado fiambre hace un momento. En paz descanse, pero el muerto al hoyo y el vivo al pollo. Visto y no visto. Cuando acaba de sorbetear el plato, un celador trae al chico en su cama vivito y salivando después de unas pruebas de trámite. Federico se atraganta con el último bocado y balbucea una disculpa: Perdona, hijo, pero como decían que te habías muerto… ¡No sabes cómo lo siento!