ENIGMÁTICA NÍJAR, edénico paisaje de mina y matorral que inspiró a Carmen de Burgos, Brenan, Juan Goytisolo, Valente… y donde a veces se obstina la tragedia caprichosa: ayer mismo, el asesinato del niño Pescaíto; hace casi un siglo, el crimen del Cortijo del Fraile, inmortalizado por Lorca en su Bodas de sangre. Amor, traición, dolor, honor, venganza… y al fin muerte, enormes palabras dignas de la mejor literatura. Ahora, lejos de Almería, la tragedia se repite en un ambiente parecido al de aquellas bodas sangrientas, pero sin el desgarro de la emoción apasionada y por un motivo inconcebible, pueril, que encima adoba la carroña de los cuervos racistas: «Una petición de mano —como de Chéjov calé— degenera en reyerta con dos muertos por una canción de más o de menos en el karaoke». Lo parece, pero no, esta vez no es el cuento disparatado de un mal escritor.