TOÑI ES UNA NIÑA DE SOLO cinco años que riñe con las amigas porque se empeñan en que es de estatura más bien pequeña, cuando ella defiende, ceñuda, tener una talla normal, «¡Y tirando a alta!», les gruñe desdeñosa. Toñi es avispada, pero tacaña de verbo. Ella se apaña con las manos para expresarse; mejor dicho, con la mano, la izquierda; extraña lógica, porque ni es chova ni mucho menos manca. Hoy es la víspera de su sexto cumpleaños y Toñi está agobiada, no sabe cómo responder a partir de mañana a la adulta pregunta ñoña de ¿Cuantos añitos tienes? Hasta hoy ha extendido los dedos de su zurda: tres, cuatro, cinco, pero ya no le quedan más. Rendida por la angustia, se duerme y sueña que justo a medianoche le crece un sexto dedo entre el pulgar y el meñique. Y ya de paso, ella misma unos cuantos centímetros de altura. Enseñanza: si te empeñas con la eñe, te salen cuentos extraños.