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Carlos Pajuelo

Escuela de Padres

Aprendiendo a vivir con las emociones

Todas las emociones son naturales y, por tanto, tenidas en cuenta.

Todas las emociones son naturales y, por tanto, deben ser tenidas en cuenta.

¡Niño, hay que compartir!” les decimos a nuestros hijos pequeños cuando se niegan a dejarle un juguete a alguno de sus amigos y si nuestros hijos no quieren compartir y se pelean añadimos lo de  “Los amigos no se pelean, dale un besito a tu amiguito”, y le obligamos a que le dé un besito al niño que le acaba de soltar un tortazo disimuladamente,  y terminamos con eso de “¡Que no llores! Que no se llora por tonterías.”

Las emociones forman parte importante de nuestra vida y también de la de nuestros hijos desde que nacen, aunque los padres tendemos a pensar que la infancia es la época de la vida feliz de las personas, tal como describía el poeta austriaco Rilke, “la verdadera patria de un hombre es su infancia”.

Esta manera de considerar la infancia como una etapa donde se vive la completa felicidad, donde no existen los problemas nos lleva a despojar a nuestros hijos de su vida emocional, a no tener en cuenta sus emociones o, lo que es peor, a ningunearlas y por lo tanto nos despoja a los padres de la posibilidad de educar en emociones.

¿Cómo están ustedes?, ¡más fuerte! ¿Cómo están ustedes?  Estas preguntan esconden algo más que un simple convencionalismo. Esconden una realidad, que nosotros estamos de alguna manera, bien, mal, regular, contentos, felices, tristes, enfadados, asustados, irritados, satisfechos, etc… estamos emocionados, vivimos continuamente acompañados de emociones y curiosamente esas emociones nos las provoca alguien: los demás y/o nosotros mismos.

Tenemos, por un lado una tendencia a negar el impacto que algunas emociones, las llamadas emociones negativas,  tienen en nuestra vida. “¿Qué te pasa? ¿A mí? ¡Nada!”. Y todos sabemos que algo pasa. Es que parece ser que hemos aprendido que este tipo de emociones hay que vivirlas como si fueran hemorroides. Se sufren en silencio.

Por otro lado, cuando decimos: “con lo tranquilo que yo estaba, ahora vienes tú y me alteras” estamos  constantemente poniendo en manos de los demás nuestra posibilidad de sentirnos bien o mal.

Muchos padres que están educando a sus hijos, y lo hacen de manera competente, se sienten a veces fatal por lo que hacen los hijos, no por lo que los padres hacen. La mejor manera de pertenecer al club de los desgraciados/desgraciadas es esperar que los demás te hagan feliz, y rapidito.

Los padres somos los responsables de la educación de nuestros hijos, les enseñamos comportamientos que consideramos apropiados, les transmitimos nuestros valores, nos preocupamos por su “alimentación intelectual” mediante la escolarización. Pero a menudo olvidamos o dejamos pasar por alto el importante papel que las emociones juegan en nuestras vidas, por eso es necesaria la educación emocional, para aprender  a vivir con nuestras emociones, y no a que las emociones dirijan nuestras vidas.

En los últimos años se viene hablando mucho de la Inteligencia Emocional.  El término inteligencia emocional hace referencia a las competencias para reconocer  nuestras emociones, para controlar nuestras emociones, para motivarnos a nosotros mismos, para reconocer las emociones de los demás, y así establecer buenas relaciones con los demás.

Personalmente considero que la IE es una estupenda herramienta para educar, sobre todo porque mientras educamos a nuestros hijos aprendemos a  ir desarrollando esas competencias. Pero recordar que la educación no es la “purga (de) Benito”, que todo lo que hacemos mientras educamos no da resultados inmediatos.

Educar no es una especie de lucha. Se convertirá en una pelea si lo que sientes es que tus hijos te atacan y entonces te sentirás mal, pero si lo que sientes es que tus hijos están aprendiendo entonces considerarás sus envites cómo una consecuencia lógica de educar. ¿Y no crees como padre y como madre que educar es la mejor herencia que le vamos a dejar a nuestros hijos? Entonces, ¿por qué vamos a sentirnos mal por hacer lo que tenemos que hacer?.

Las emociones son naturales, todas. El miedo, la tristeza, la ira, el odio, los celos, son tan naturales como el valor, la alegría, la calma, el amor, el altruismo. No hay que extrañarse de su aparición.

Un ejemplo: los padres suelen estar muy preocupados con las reacciones de celos que a veces pueden presentar sus hijos con la llegada de otro hermano.  Muchos padres consultan sobre cuál sería la manera de evitar la aparición de los celos. Yo les pongo el siguiente ejemplo, imagínese usted que su pareja se presenta un día en casa acompañado y le dice: Mira cariño, este es fulanito o fulanita y viene a vivir con nosotros, pero yo te quiero mucho. Y a la hora de comer juntitos los tres, y de paseo juntitos los tres y por la noche los tres juntitos… ¿Cómo te sentirías? ¿Entiendes ahora los celos en tu hijo?

Las emociones por lo tanto son naturales pero acarrean consecuencias, y por eso debemos enseñar a nuestros hijos a que reconozcan qué es lo que están sintiendo, si uno no reconoce que es celoso, o envidioso, o que está irritado, etc. ¿cómo va a poder controlar los celos, la envidia, la irritación?.

Tenemos que reconocer lo que sentimos para poder controlar: lo que sentimos, lo que pensamos y cómo nos comportamos mientras esa emoción nos invade.

Las emociones están muy relacionadas con nuestro pensamiento. Algunas veces los padres nos sentimos mal simplemente porque empezamos a pensar, más que a pensar a descontrolarnos, dándole vueltas a determinadas ideas negativas respecto a nuestros hijos (“como siga así va a ser un desgraciado”), e imaginando el peor de los escenarios posibles así nos asustamos, nos paralizamos y sufrimos.  Hay que controlar ese tipo de pensamiento porque a los padres lo que nos da seguridad es saber cómo vamos a actuar.

Las emociones están muy relacionadas con nuestro comportamiento, cuando me siento feliz, tranquilo, sosegado me comporto de una manera parecida a como me estoy sintiendo, pero al contrario igual, cuando me siento irritado, enfadado, asustado entonces todos mis comportamientos están presididos por esas emociones. ¿No os parece un poco ilógico que sean nuestras emociones las que dirijan nuestros comportamientos?

Durante algunas semanas publicaré  algún post con diferentes competencias emocionales que podemos aprender para reconocer nuestras emociones, con estrategias para aprender a controlarlas, para reconocer las emociones de los demás y estrategias para  establecer buenas relaciones con los demás.

Las emociones están presentes en nuestra vida y en la vida de nuestros hijos, hay que educar las emociones para aprender  a vivir con todas nuestras emociones, y no para que sean las emociones las que dirijan nuestras vidas.

 

La tarea de ejercer de padres

Sobre el autor

Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.


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