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Carlos Pajuelo

Escuela de Padres

Los Therian, una oportunidad para hablar de la construcción de la identidad personal de nuestros hijos

Las redes sociales nos traen cada día muchas noticias que tienen como único objetivo hacerse lo más virales posible. Y en este maremágnum de noticias, a veces, hay algunas que nos inquietan más que otras (que por cierto deberían inquietarnos más) como por ejemplo el fenómeno Therian.
Antes de darte mi opinión al respecto, me gustaría que reflexionaras sobre esta pregunta, ¿tú crees que conoces a tus hijos?
Cuando un hijo se define de una manera que no entendemos, sea Therian, Otakus, Gamers, K-poppers, E-girls E-boys, Furries, Cottagecore , Cayetanos, o cualquier otra etiqueta, lo fácil es discutir el concepto. Lo difícil es preguntarse qué emoción está intentando organizar por dentro.
Nuestros hijos adolescentes construyen su identidad en cuatro escenarios:
1. El grupo de iguales. Los amigos, nos regalan la posibilidad de sentir que pertenecemos a un grupo que nos acepta e incluye. 2. Las redes sociales, que son un escenario donde poder probar versiones de sí mismos. 3. La cultura, a través de Series, influencers, movimientos identitarios que les ofrecen marcos para expresar las emociones que antes no sabían nombrar; y 4. la propia exploración emocional, la adolescencia siempre ha sido laboratorio para configurar la identidad.
Y aquí está lo importante para las familias, la identidad no se impone desde fuera ni se corrige a golpe de discusión. Se acompaña. Si el vínculo es seguro, las etiquetas pasan. Si el vínculo se rompe, la etiqueta se convierte en trinchera y fuente de conflicto. La tarea no consiste en controlar quiénes son, la tarea es estar presentes mientras lo descubren.
Saber cómo se sienten los hijos exige algo que nos resulta incómodo: callar, esperar, escuchar sin ironía, controlar el miedo exagerado. Nuestros hijos no necesitan padres que lo entiendan todo, necesitan padres que no se ofusquen en los momentos difíciles.
Y quizá la pregunta no sea qué significa esa identidad, (que tu seas taurino y tu hijo se identifique con un Toro, o que siendo de izquierdas de toda la vida el niño se identifique con un Cayetano) sino qué silencio está intentando llenar.
Dicho todo esto, a mí me parece que esto de los Therian hay que entenderlo dentro de un contexto, y si lo sacas de ese contexto pues chirria. Los Therian han ocupado mucho espacio hasta que han llegado los misiles a Irán.
¿Quién no ha jugado alguna vez a eso de “si fueras un animal, cuál serías”?
Siempre había uno que decía águila, otro lobo, otro tigre… y el más realista del grupo reconocía que probablemente sería una marmota.
Los humanos llevamos miles de años identificándonos con animales. Están en los cuentos, en los apellidos, en los escudos, en los equipos de fútbol y hasta en los signos del zodiaco.
Así que, si un adolescente dice que se siente lobo, tampoco es que esté inventando algo tan extraño. Lo curioso es que muchos adultos se preocupan mucho por eso… mientras ellos mismos se identifican sin ningún problema con otras cosas bastante peculiares.
Hay quien se identifica profundamente con ser rociero, runner, motero de fin de semana. Todos esos grupos tienen símbolos, ropa, lenguaje, rituales y hasta lugares de peregrinación. Exactamente igual que una tribu.
La adolescencia no inventa el mecanismo Lo único que hace es mostrarlo sin disimulo. Así que no te extrañe que el Corte Inglés o Zara saquen una línea de rabos y orejas de diferentes animales, en la sección Moda Therian si ven oportunidad de negocio. ¿Por cierto una señora o un señoro dentro de un abrigo de piel son Therian?
El adolescente está probando identidades como quien se prueba chaquetas: esta me queda grande, esta no me gusta, esta quizá sí soy yo.
Por eso cuando un chico dice que se identifica ( no que sea) un lobo, muchas veces no está hablando de zoología. Está hablando de otra cosa, de sentirse diferente, de buscar su sitio, de encontrar su manada.
Y ahí aparece el verdadero papel de los padres, no hace falta discutir si el lobo existe o no, basta con recordarle algo mucho más importante y es que mientras él busca su manada, la suya sigue estando en casa. Aunque a veces aúlle un poco.
Así que deja de decir eso de nos vamos a extinguir y a seguir educando.

La tarea de ejercer de padres

Sobre el autor

Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos y abuelo. Ha ejercido durante 35 años como Orientador Educativo en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.


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