Estos días llenaremos más las calles de esqueletos, fantasmas y disfraces , y menos las mesas, de castañas, higos secos y nueces. La muerte se nos presenta convertida en un juego, entre bromas y sustos que terminan en risas y después guardaremos los adornos y quizá vuelva a costarnos mucho hablar de ella.
Halloween me hace pensar en algo que también forma parte de la educación, aprender a vivir sabiendo que somos frágiles.

Hay una realidad incuestionable, aunque no la quieras mirar de frente, y es que todos vamos a morir, todos vamos a perder a quienes más queremos y todos vamos a encontrarnos con situaciones para las que nunca nos sentimos preparados. Nos cuesta aceptar que estar vivos es una enfermedad terminal y, a menudo, vivimos de espalda a esta realidad, dando por sentado que tendremos tiempo para hacer esa llamada que vamos postergando, para reconciliarnos, para cuidarnos, para estar juntos.
Y vamos aplazando. Y, a veces, la vida, en un instante, nos presenta de manera descarnada esa fragilidad y entonces ya no podremos hablar, ni reconciliarnos, ni cuidarnos, ni estar juntos.
Me gustaría que la tarea de educar incluyera hablar con naturalidad de estas cosas, que los niños pudieran preguntar por la muerte y encontraran adultos dispuestos a escuchar y a responder con honestidad, con palabras que puedan comprender y capaces de compartir su tristeza con la nuestra.
Educar sobre la fragilidad humana supone enseñar que necesitamos a los demás, que siempre podemos pedir ayuda, acompañar a quien sufre y permanecer a su lado aunque no sepamos qué decir, porque hay momentos en los que compartir el silencio es lo mejor que podemos ofrecer.
Vivir con los ojos abiertos es reconocer todo eso y prestar atención a la vida presente, a la cotidiana, prestar atención a las personas con las que convivimos, al tiempo que les dedicamos, a cómo las tratamos.
El calendario siempre contempla días alegres y días difíciles, por eso educar sobre tomar conciencia de nuestra fragilidad puede ayudarnos a vivirlos con más comprensión y menos exigencia.
Este Halloween, entre disfraces, calabazas, higos y castañas, podemos dejar un pequeño espacio para esta conversación.
Somos frágiles, muy frágiles, por eso importa tanto cómo cuidamos.