Tú para qué educas a tus hijos, ¿para que aprendan a manejarse por el mundo de manera independiente y eficaz o para que no sufran? Pues entonces deja de distraerte con la lista de posibles sufrimientos.
Vivimos en unos tiempos acuciados por las prisas. La infancia que pase deprisa. La adolescencia se vive con prisa. La comparación es inmediata y las exigencias son constantes. El miedo acecha.
Y así están los padres, estresados mientras educan con el corazón a mil por hora porque cada tropiezo se interpreta como una catástrofe y cada lágrima como un fracaso.
Quizá por eso, hoy más que nunca, necesitamos recuperar una palabra necesaria para educar: fortaleza. La fortaleza no es ni dureza, ni frialdad.
A lo mejor un estoico podría ayudarnos a educar. A educar de estoicas maneras.
Educar de estoicas maneras no nos exige que criemos hijos de piedra, al contrario, nos pide que criemos hijos muy humanos, capaces de sentir, pero también capaces de no romperse ante los vaivenes de esta vida. Porque el dolor no es un error del sistema, ni la frustración es un accidente, ni las dificultades un fracaso. La vida es así.
Cuando no permitimos que nuestros hijos sufran un poco, cuando no les enseñamos a que esperen un poco, a que se esfuercen … entonces estamos educando hijos sin recursos para enfrentarse a su vida.
Te dejo un decálogo que te ayude a educar “de estoicas maneras”.
1. Enseña la diferencia entre lo que depende de ellos y lo que no. No pueden controlar el mundo. Pero sí pueden controlar la respuesta que ellos dan a lo que ocurre a su alrededor.
2. No evites la frustración: acompáñala. El dolor no siempre es un enemigo. A veces es aprendizaje. Los padres no estamos para rescatar, estamos para sostener, apoyar.
3. Educa en valores, no en la apariencia. Más importante que “ser el mejor” es ser justo, ser responsable, ser generoso, ser compasivo.
4. Pon límites con calma. Los límites son amor organizado, estructurado. Los límites no son castigo, son abono para las raíces y para las alas. Los límites son las maneras en las que mostramos que nos preocupan, que nos importan. Los límites sirven para cuidar y cuidar es amar.
5. Sé ejemplo, tu hijo aprende más de lo que ve que de lo que oye. La educación emocional empieza en casa, en tu forma de ser y estar. Los hijos observan cómo afrontas el estrés, cómo hablas, cómo respiras cuando las cosas vienen bien dadas y cuando no.
6. Ayúdales a tolerar la incomodidad. No todo lo incómodo es malo. El esfuerzo, la espera, el aburrimiento… también educan. La vida real, a diferencia de las películas, no es inmediata, hasta para divertirse hay que esforzarse.
7. Enséñales que su valor no está en los likes, ni en el aplauso.
8. Habla menos de felicidad y más de propósitos. No vinimos a estar bien todo el tiempo. Vinimos a vivir con propósito. Vive con propósitos y enseñaras propósitos.
9. Convierte los errores en entrenamiento, no en drama. Un fallo es un ensayo. Educar estoicamente es decirle a tu hijo, cuando se equivoca, que el error no le define, el error solo le enseña.
10. Recuérdales que siempre pueden elegir su actitud ante la vida. Aunque no elijan lo que les ocurre. siempre pueden elegir quiénes son cuando les ocurre algo. Esa es la libertad. La verdadera libertad que nace del interior.
Al final, educar estoicamente es hacer un regalo invisible, darle una herramienta para que, cuando la vida le duela, no se hunda, cuando el mundo le grite, no se pierda y cuando todo sea incierto, conserve algo firme en su interior.
Educando no podemos prometerles un camino libre de tormentas, pero sí podemos darles algo mucho mejor, una casa interior fuerte donde poder refugiarse.