Ánimas hay en Extremadura desde que vivíamos en la cueva de Maltravieso, pero benditas, lo que se dice benditas, no las tuvimos hasta que llegó el cristianismo a esta tierra de encinas.
Y nos aficionamos a ellas. Tanto, que hasta dieron nombre a nuestros pueblos, como Huerta de Ánimas, provenientes de las Cofradías de Ánimas que existieron por toda nuestra geografía y que aún persisten, en menor número, en algunas de nuestras villas.
En otros lugares no llegan a dar nombre al pueblo, pero tienen sus propias coplas, como sucede con Barcarrota. El Diccionario geográfico popular de Extremadura afirma que la creencia en las ánimas del purgatorio es tal, que hace muchos años se originó un disturbio por creer los vecinos que la sombra de un poste de teléfono era un ánima en pena. Aunque claro está, no falta quien, amparándose en la creencia generalizada, se coloca una sábana encima y roba bellotas para llenar un carro. Y el pueblo extremeño, antes guasón que miedoso, le hizo la copla:
“Las ánimas benditas
de Barcarrota
como son pobrecitas
comen bellotas”.
Suceso que, sin duda, ayuda a acrecentar la fama de pobretones de los fantasmas de este pueblo:
“la ánimas benditas
de Barcarrota
como son pobrecitas
siempre están rotas”.
Ánimas del Purgatorio en una iglesia de Zafra (Israel J. Espino)
En otros pueblos estas almas en pena tienen su propia fiesta, como el Carnaval de Ánimas de Villar del Pedroso. Cuenta la leyenda que, ante la superioridad del enemigo en la batalla, un general hijo del pueblo se encomendó a las Ánimas benditas y prometió celebrar una función anual en su honor si conseguía vencer en la batalla. Ganó. Y desde entonces, se celebra el “Carnaval de Ánimas”, mitad religioso, mitad militar, y cuyos orígenes se remontan a la Edad Media.
Pero no todos comulgaban en Extremadura con la idea de que las almas se encontraban en el purgatorio. Rescata Fermín Mayorga a Isabel Gonzalez, “La Titila”, una viuda de Fregenal de la Sierra, que fue denunciada a la Santa Inquisición porque afirmaba que no había purgatorio, y que las ánimas “andaban entre nosotros”. Y lo afirmaba tajantemente porque habiendo muerto un clérigo, se le apareció ya difunto, diciéndole a La Titila:
– ¡Bien me decías , Titila, que no había purgatorio…!
La Titila no se asustó, porque al parecer llevaba rezando desde los siete años a las ánimas de los difuntos para que se le apareciesen. Y vaya si se le aparecían. Unos entre hogueras y otros por las calles purgando por sus pecados. No sabemos dónde acabaría La Titila, que topó con la iglesia de bruces.
Araceli Azabal Iglesias, de Asegur
Pero a pesar de todo la creencia de que las ánimas benditas siguen entre nosotros se conserva, al menos en algunos lugares como Las Hurdes. Araceli Azabal Iglesias, vecina de la alquería de Asegur, me contaba hace unos días en su patio, cuajado de parras y orillado al río, que las ánimas benditas
“… vienen del otro mundo para darte cuenta de algo que hayas hecho mal. Si están en la pena viene el espíritu a verte. Por eso hay que ponerle velas, como hago yo con mi marido. Y dicen que en la habitación donde le pongas la vela no puedes entrar, porque las ánimas están allí, al lado de la luz, vigilantas…”.
Otro día, porque hay para mucho, hablaremos de la Esquila de Ánimas, de ánimas no tan benditas, del Ánima Sola y del Cortejo de Muerte. Pero eso será otro día. Otro día más frío, más lluvioso y más oscuro. Prometido.