Para conocer la extraña historia del Tesoro de Serradilla acompáñenos en nuestra particular máquina del tiempo hasta un caluroso martes de verano de 1965, día tradicional de mercado en la ciudad de Plasencia. En la semipenumbra de la relojería Vega, situada en la calle del Sol, entra un hombre de unos sesenta años, al que le falta un brazo. Con el que tiene entero le muestra al joyero unos fragmentos de cadenas y joyas de oro con intención de negociarlas al mejor precio.
El tesoro de Serradilla, actualmente en el Museo Provincial de Cáceres (Extremadura Secreta)
El joyero, tras examinar las piezas de filigranas doradas, le propone comprárselo por cien mil pesetas de la época, y le invita a esperar mientras va a buscar el dinero al banco.
Pero cuando el joyero regresa no lo hace con los billetes, sino acompañado de dos guardias que detienen inmediatamente al vendedor por posesión de objetos robados. Y es que días antes se había producido un robo sacrílego en una iglesia de la comarca, y los joyeros estaban alertados por la policía ante la posibilidad de su venta.
El arrestado, Julián Cardador Gomez, alias “Madama”, resulta ser el barquero de Serradilla, una bella localidad situada en pleno corazón de Monfrague. Julián es llevado ante el juez, quien dicta su ingreso inmediato en prisión.
La localidad cacereña de Serradilla, donde apareció el tesoro (Extremadura Secreta)
Pero “Madama” insiste en su inocencia, y repite una y otra vez que se encontró el tesoro mientras labraba a unos tres kilómetros del pueblo, dentro de una vasija enterrada en unos canchales del olivar cercano al paraje de El Cholrito.
Mientras el pobre Julián está detenido en Plasencia, unos guardias del cuartelillo de Serradilla se acercan a su casa para tomarle declaración a su mujer Francisca, y ella ratifica la versión de su marido: había encontrado las joyas en un olivar de su propiedad, había roto y tirado la vasija de barro que las contenía y las habían guardado durante un tiempo en casa sin conocer su valor.
El pobre Julián se salva de la cárcel gracias al párroco de la iglesia robada, quien certifica que las piezas del tesoro no eran las de la iglesia. Y gracias a que Bellas Artes dictaminó que eran joyas del periodo orientalizante, al parecer tartésicas, cinco siglos anteriores a cristo.
Sin embargo, y como ya ha notado Jose Carlos Bravo Fernández, algo de misterio rodea la aparición de este tesoro, entre otros el lugar (un grupo de madroñeras y arbustos entre los canchales del olivar, situado en un paraje de gran pendiente poco apropiado para esconderlo), la desaparición de la vasija de barro que lo contenía, o las diferentes versiones sobre lo que realmente estaba haciendo Julián en el olivar (¿estaba labrando o estaba recogiendo leña? No faltaron incluso los rumores (ahora desmentidos por sus descendientes) de que el tesoro podría haber sido el pago al barquero por haber estado pasando el río a los Maquis, que por entonces se ocultaban en esas abruptas serranías.
Lo cierto es que estas piezas de oro constituyen, después del tesoro de Aliseda, el mejor exponente de la orfebrería orientalizante en Extremadura. Hoy día podemos contemplarlas en el Museo Arqueológico de Cáceres. Pura filigrana dorada. Pura luz en las sombras. Pura magia tartésica.