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Israel J. Espino

Extremadura Secreta

 Tras las huellas de las gigantas extremeñas

Andro Thevet. Cosmografía Universal. 1575/

 

No sé si saben ustedes que en el norte de Extremadura habitaban gigantas que a pesar de su gran tamaño conseguían ocultarse como por arte de magia… Y uno de estos lugares era el bello pueblecito de Eljas, enclavado en la Sierra de Gata y en el que existe un grupo de grandes rocas que describen un círculo irregular conocidas como las Torres de Fernán Centeno.

 

Bajo la plazoleta que forman aseguran los lugareños que  vive una enorme mora encantada, nieta del famoso gigante Fierabrás de Alejandría, (ese del que ya hablamos en otra ocasión y que murió en el Tajo antes de tirar al rio varios toneles de su famoso bálsamo curalotodo), pero de muchísima más corpulencia que su abuelo.

Cuenta Publio Hurtado que sale de su escondite solo tres noches al año: miércoles, jueves y viernes de pasión, y cuando lo hace, su afición consiste en jugar a las canicas con las enormes piedras de la sierra.  Y dicen que hay quienes han visto en esas noches volar por los aires esos bloques titánicos a veinte y treinta metros de altura, impulsados por las enormes manos de la gigantesca mora,  quien cuando se cansa y termina sus juegos malabares deja colocados los peñascos en el mismo sitio en el que los arrancó.

Pero la nieta de Fierabrás no estaba sola en el norte, porque me ha contado un pajarito que también la Giganta Daniela se movía a sus anchas por la comarca de la Vera y por las alturas del Valle del Jerte… Aunque esta giganta es más que conocida, porque  no es otra que la que ahora se conoce como Serrana de la Vera, una amazona gigantesca y montaraz que según me contaba el tío Mateo en Garganta la Olla,  se llamaba Daniela y tenía una fuerza y un tamaño verdaderamente descomunal.

Garganta la Olla, el pueblo de la giganta Daniela (A. Briz)

Garganta la Olla, el pueblo de la giganta Daniela (A. Briz)

De su tamaño dan fe las enormes huellas de su pie que han quedado grabados en la roca, en el camino de Piornal. Se decía que, poniendo un pie en esta roca, con el otro alcanzaba la cima del monte, situado a un kilómetro de distancia, en lo que ahora se denomina el “paso de la Serrana”.

De su fuerza descomunal da fe “el tiro de la Serrana”, una enorme peña de doce metros de longitud que afirman que fue arrojada por la joven, unos dicen que a pulso, y otros que con su honda.

La forzuda también cerraba la cueva con una piedra de doscientas arrobas, con parte de la cual, según se dice en Garganta la Olla, se construyó la pesada pila bautismal de la iglesia del pueblo.

Y aunque es cierto que las gigantas extremeñas hace tiempo que no dan señales de vida, hay quien afirma que aún permanecen ocultas, esperando tiempos mejores en los que los humanos dejemos de perseguir al diferente y estemos, por fin, “a la altura” de las circunstancias.

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.extremadurasecreta.com


abril 2018
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