Si quieren saber lo que es encontrarse de frente con el rostro ancestral de nuestras creencias deben acercarse a finales de enero al pueblo cacereño de Acehuche. Concretamente, el día 20 o el 21, especialmente ahora que se estrenan como Fiesta de Interés Turístico Nacional.
Acehuche, el pueblo de las carantoñas (Extremadura Secreta)
Si tienen suerte, la niebla envolverá las calles blancas, y podrán recorrerlas mientras se levantan el cuello del abrigo y restriegan sus manos heladas por el frío. Entonces, si levanta la vista, podrá ver preciosas telas colgadas de balcones que ondean con el viento. Como velas desplegadas en barcos varados, las colchas centenarias engalanan el pueblo. Dragones alados, salamandras doradas y mitológicos grifos bordados en la seda por delicadas manos hace cientos de años.
Monumento a la Carantoña, en Acehuche (Extremadura Secreta)
Si continúa adentrándose en el pueblo, siempre en dirección a la centenaria iglesia, mirará ahora hacia el suelo, alertado por el olor a campo y el ruido de ramas rotas. Y advertirá, gratamente sorprendido, que las calles se encuentran alfombradas de romero, uno de los ingredientes del famoso “bálsamo de Fierabrás”, que emerge de las aguas del cercano Tajo en la noche de San Juan.
Y de repente, al doblar una esquina, uno se encuentra de bruces con lo ancestral: monstruosas fieras con pelo de macho cabrío, erguidos sobre patas recubiertas de pieles de ovejas y cabras, tocados con cabezas de zorro, con enormes bocas de dientes puntiagudos y colmillos de jabalí abiertas en amenazantes muecas. Son las carantoñas.
Las Carantoñas de Acehuche. bestias ancestrales (Extremadura Secreta)
Los niños lloran entre tiros de escopetas y redoble de tambores. Las adolescentes se estremecen. Apenas tranquiliza el saber que tras la máscara y bajo las pieles se ocultan hombres de carne y hueso. Hombres que han hecho una promesa. Hombres creyentes hoy en un santo asaetado. Antaño, devotos de algún dios ahora sin nombre.
Los hombres, armados, esperan al santo. Las carantoñas también. (Extremadura Secreta)
Cuando se desvisten y recuperan la forma humana te cuentan convencidos que representan a las fieras que se rindieron ante San Sebastián y se negaron a devorarlo, pero numerosos detalles huelen a chamusquina pagana.
Las carantoñas danzan ante San Sebastián, en un ritual ya cristianizado (Extremadura Secreta)
El ramo seco de acebuche que llevan en las manos, los afilados pimientos carmesíes que penden de sus fieras cabezas, las pieles de macho cabrío, el acto de engendrar una “carantoñina”, perdido ya para siempre gracias a la intervención de la iglesia en el siglo XIX… son parte de un código del que nos faltan claves.
Los distintos aderezos de las carantoñas son partes de un código perdido en el tiempo (Extremadura Secreta)
Ritos de fecundidad o fiestas de invierno, lupercales o carnestolendas, celebración pagana o fiesta religiosa… las carantoñas nunca se han ido del todo, y a poco que uno les mire a los ojos (lo único humano que queda de la fiera) sabe que no se irán fácilmente.
Que San Sebastián y los dioses paganos las amparen.