Mañana se cumple el aniversario (134 años, para ser exactos) que se realizó la primera llamada telefónica en España y posiblemente la primera a larga distancia en Europa. Y fue en Extremadura.
Y la hizo un extremeño alucinante que resultó ser, además de abogado, una mezcla de avanzado científico, hábil prestidigitador y aprendiz de mago. Un hombre de pro que realizó esta primera llamada telefónica de la historia española entre su casa de Fregenal de la Sierra y su finca de las Mimbres, un 19 de marzo de 1880. Se trata de Don Rodrigo Sánchez-Arjona y Sánchez-Arjona, quien ha pasado a la historia porque bajo sus auspicios, y a costa suya, se inauguró el teléfono en España.
Posteriormente, por si la hazaña anterior ofreciese alguna duda, este ilustre extremeño estableció contacto entre Fregenal de la Sierra y Sevilla el día 27 de diciembre de 1880, y al día siguiente con Cádiz, batiendo el récord mundial de llamada a larga distancia, establecido hasta entonces entre Boston y Providence.
Pero Don Rodrigo ha pasado a la historia de su pueblo por otra razón bien distinta: por su fama de mago. Mostró a lo largo de su vida gran interés por la Ciencia y los inventos, que lo llevaron a acudir a numerosas Exposiciones Universales y a que sus paisanos lo apodaran «El Brujo».
Tenía el buen señor una casa en forma de castillo en una finca cercana a Fregenal llamada “Cegón”, a la que los campesinos no querían ir a trabajar por temor a que el señor les encantara. Le denominaban “El miedo de Cegón”.
Don Rodrigo tenía fama de nigromante entre las gentes del pueblo, y las mujeres, sobre todo, procuraban por miles de medios no ser vistas por tan extraordinario personaje, porque tenían la creencia de que las podía ver sin ropa. Algunos “prodigios” de Don Rodrigo, como este, podían tener su explicación en los últimos descubrimientos científicos (los rayos X se descubrieron en 1895) que al pueblo le parecían “cosas de brujas”, pero otros siguen dejándonos con la boca abierta.
Contaba el ya fallecido cronista de Fregenal, José Quintero Carrasco, que en la boda de una de las hijas de Don Rodrigo dijo a los invitados que allí faltaba una persona, y tras ausentarse unos minutos volvió a la fiesta del brazo de su mujer… fallecida muchos años antes.
También se cuenta de él que en el bautizo de uno de sus nietos, que fue en invierno, había ofrecido a los convidados grandes racimos de uvas de unas grandes y frondosas parras, que no tenían más que cortar cada uno el suyo, y al iniciar cada cual el corte a una sola voz, se habían encontrado, al serles dado el “¡alto!”, con sus narices entre los dedos y a punto de cortárselas, con gran regocijo por parte del bienhumorado señor.
El brujo, una vez más, epató a su público y a la propia historia.