La mayoría de la gente sueña con hacer grandes cosas en la vida, pero tan sólo unos pocos se atreven a intentarlo. Antonio Fernández es uno de ellos.
Este extremeño, maestro por devoción, está dispuesto a porfiarle el final del cuento a Joseph Jacobs, literato y padre de ‘Los tres cerditos’ emancipados.
Para ello está construyendo, en Villalba de los Barros, un hotel rural de paja. Pretende que su idea se convierta en un novedoso estímulo que aporte «un granito de arena a la promoción turística de la zona, poco conocida fuera de la comarca, y sorprendente para la mayoría de quienes la visitan».
Se acomoda en la inacabable Tierra de Barros extremeña, al amparo del ilustre Castillo de Villalba; en un lugar donde los viñedos, cómplices, parece que se acurrucan para agasajarnos cada tarde con una puesta de sol infinita.
La historia, una vez más, desarma de argumentos a escépticos y aprensivos que alimenten el equivocado presagio de que “un hotel de paja saldrá volando con el primer golpe de viento”. Pueden dormir tranquilos.
La paja «es uno de los materiales de construcción más antiguos que se conocen». Combinado con el barro, da como resultado una mezcolanza llamada “Cob”, que se ha utilizado durante miles de años en todo el mundo.
En Alemania hay casas de barro con paja que superan los 500 años de antigüedad, y que aún se están utilizando. En Inglaterra hay más de 100.000.