Si va a salir a la calle, sonría. Su imagen puede estar siendo captada por las numerosas cámaras que, cada vez con mayor profusión, se instalan en la ciudad. Según las empresas consultadas por este diario y que operan en Cáceres, la puesta en marcha de estos equipos se ha incrementado alrededor de un treinta por ciento en los últimos años gracias al abaratamiento que facilitan las tecnologías digitales y que las convierte en muy accesibles para prácticamente todos los bolsillos.
Entre los ojos mecánicos que vigilan los edificios públicos y aledaños, las cámaras para el control del tráfico y las de negocios y particulares, Cáceres cuenta con varios centenares -aunque nadie se atreve a afinar en la cifra- de dispositivos de vigilancia. Un uso recto de estos recursos hace ganar en seguridad a los ciudadanos, aunque ante cualquier desmán la intimidad de las personas queda más que amenazada por unas cámaras capaces de diseccionar qué compramos, a dónde vamos o con quién estamos. La ley protege, pero aún no están suficientemente claros los límites. El 1984 de George Orwell parece cada vez menos un relato de ficción.
Desde el centro de control de la policía local se vigilan seis puntos conflictivos de la ciudad. El objetivo es tener a raya al tráfico y que la policía sea mucho más rápida y eficiente a la hora de actuar. Son unos 35 cruces semafóricos, principalmente del centro de la ciudad.