>

Blogs

deautista

crónicas de un autista

Los imaginarios de la locura (Parte 7)

 

Estaba muy joven cuando en una casa se habló de la desaparición de un bebé por cuenta de “Duende”. Así nos lo dijo una señora mayor que recurrió a nosotros. Estábamos haciendo unas tareas del colegio San Simón en Ibagué con “Mancho”, un amigo de esos tiempos, cuya casa quedaba justo al frente del de aquella señora, que recurrió golpeando toda llorosa por que le habían robado a una(un) bebé, que quedaba por la kra. 1 con 10 aproximadamente. fue así como interrumpimos nuestros estudios y nos fuimos haber que había pasado. En sus lamentaciones nos decía que a diario sentía que le tiraban piedras cuando estaba en lavadero o en la cocina de aquella mansión que aparentemente no lo parecía ya que su entrada y la parte visible podría pasar como cualquier casa mediana de esos tiempos.

La acompañaba una niña que le ayudaba en el cuidado de el(la) bebé, a quien de alguna manera recibía algún estipendio por parte de su hijo para que le ayudara en este oficio. Realmente estaba muy nerviosa, y muchos de los vecinos sobre todo jóvenes acudieron a ver en que podía ayudar. Según ella -su hijo tenía problemas con su esposa- y acusó ante todos de que posiblemente ella le había robado al nieto (a); aunque la niña que le ayudaba tenía la orden estricta de no abrirle la puerta de la calle a nadie. Lo cual ella misma atestiguó.

Basados en esa historia todos procedimos a buscar al recién nacido sin que diéramos con algún rastro que nos conjeturara que estaba en algún rincón de la casa escondido, pero que debido a la creencia que tenía la señora acerca de los duendes, ella aducía que si no era su mamá, lo más probable es que fuera aquel duende que según la niña decía que era el que la perseguía, y que por esa razón el niño(a) había desaparecido. Esta historia que la conté de otra manera en medio de otras circunstancias en “Crónicas Gendarmes” estaba basada en esas creencias que a muchos nos convence pero que en realidad no son ciertas.

Estábamos en éso, cuando apareció otro desconocido que acababa de llegar en una moto a ayudar a ver dónde podríamos encontrar a la (el) bebé. Inmediatamente hizo que le trajéramos una esperma mientras revolcaba de nuevo en todos los resquicios que ya todos habíamos buscado, y ante la imposibilidad de encontrarlo (la) se subió al techo en aquellas partes que entre la teja y el cielo raso sirven para guardar cosas que no sirven de la casa, mientras repetíamos una extraña oración adonde se le pedía al duende que devolviera al desaparecido que se había robado.

-Los duendes no son malos, nos dijo. Hay que orar para que lo regrese.

Mientras todos entonábamos la oración que éste fue hilando, mientras con la esperma buscaba en aquel escondite del techo, oímos cuando la niña gritó:

!Aquí está la niña!

L a había encontrado en un baúl encima de una ropa que la señora guardaba  sin que nadie se hubiera percatado que allí estaba el bebé que buscábamos, y sin que hubiera llorado como si mientras tanto estuviera dormido.

Así fue como la (lo) oímos llorar, y todos quedamos contentos.

La oración había funcionado. Sin embargo, cuando se despidió -ya que era amigo del amigo con el que fuimos a ver qué pasaba- nos confesó aparte que el solamente era un detective, y que solo había acudido  a ver en qué podía ayudar.

Los duendes no existían.

Sin embargo al día de oí, uno sabe que tenía la razón. Nos había sugestionado de tal manera que la niña que lo había escondido también se lo creyó, y ante el temor que tenía ella misma se denunció, aunque nunca por lo menos yo, supe de lo que sucedió después, si la señora prefirió deshacerse de aquella niña traumatizada, o si por el contrario su hijo haría las pases con su mujer, o cuál sería el final de aquella historia, que por el momento había terminado en un desenlace feliz.

Así son nuestros imaginarios donde nuestras creencias superan las realidades, y nos hacen sufrir hasta desestabilizarnos, hasta el punto de enloquecernos.

Hasta ahora había vivido un pequeño percance que con el correr de los tiempos me sucederían otras cosas, que tal y como lo dije resulté viendo visiones cuando la paranoia se fue imponiendo dentro de mi. Había comenzado desde hacía mucho tiempo a oir voces, que en su momento no capté porque dentro del cerebro el delirio estaba funcionando, y además habían otros que estaban interesados en hacerme creer que en realidad alguien me perseguía hasta matarme. Lo de la persecución era cierta porque lo había vivido durante muchos años que incluso en Venezuela lo viví con aquel montaje que hicieron los de la Guardia Nacional en Venezuela, muchos años antes de que me enloqueciera verdaderamente, pero que ésto no era más que uno de los tantos espectáculos a que fui sometido, porque tal y como lo he contado estaba marcado por alguien o algunos de estos personajes que utilizan frecuentemente todas estas hábiles maneras para idiotizar  y amedrentar, a sabiendas que el que lo está viviendo solo le queda el camino de la locura o de la muerte por él mismo, o con la ayuda de otro, mientras todos estaban convencidos que en realidad estaba loco. Estaba sugestionado, y así creo que gran parte de mi vida la viví así, tanto que muchos participaron de aquel festín interminable. Un festín que incluso fue aumentando de tono por cuenta de otros rufianes en las calles en donde casi pierdo la vida en más de una ocasión, y aunque en apariencia para reforzarlo sabían que estaba demasiado alcoholizado como para poder lograr el control de mi mismo, mucho menos cuando toda una plaga de vigilantes de calles salieron a ganarse su lotería, así fuera  por una lisonja, mientras los autores intelectuales lograban sus propósitos.

Dentro de esa situación, si debo de reconocer que ví visiones, pero que para no extenderme más, es preferible seguir con esta historia.

La Leyenda del Dorado     

Temas

Nuestras vidas en este universo global

Sobre el autor


noviembre 2013
MTWTFSS
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930