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En las garras de la delincuencia

Aquellos detectives que incluso ahora veo a uno de esos rostros muy parecido al de aquellos tiempos aquí en Ibagué, y a otro que después descubrí que vivía o vive en el barrio Pastranita muy cerca de unos familiares Bogotá, y otro que resultó ser uno de los muchos jugadores que iban a aquel negocio de ajedrez que quedaba en la calle 12 con séptima, llamado Capablanca. Todo un complot en el que con los años después de haber sobrevivido he comenzado a contar gracias a la web, porque nadie me creería, y seguro que ningún periódico se prestaría a que yo contara estas historias que son ciertas, pero que por obvias razones el autor hace lo mismo que cuenta “El Embrujado” en sus “Crónicas Gendarmes” : “Prefiere contar estas historias sin nombres propios, porque solamente están en mis recuerdos  esas vivencias que a la larga terminaran por demostrar que tuve mis policías particulares por cuenta de un extraño estigma de familia, y que además he sido sometido a la villanía de las persecuciones y la ofensa, cosa que puedo probar con las varillas que tengo en mi columna vertebral, y que además he sido durante años de años sometido a amenazas en uno y otro lado de donde he vivido, e incluso en Venezuela como si fuera un delincuente, sin saber porqué”.

Lo que si puedo decir es que me hicieron perder mis años de juventud y de mis estudios, así otros digan que es que a los alcoholicos eso les pasa, y sin embargo yo si puedo demostrar que en cuanto negocio quise iniciar, fui objeto de provocaciones, e incluso de manera reiterada  parece que me he granjeado una buena fama, en la que incluso hasta los clientes me ridiculizan.  Sin decir que aquí en Ibagué se descararon de lo lindo en las amenazas unos rufianes de barrios, como si hubiera sido marcado por otros agraciados personajes que se las pintan de “yo no fui”, y según parece todo un grupúsulo de personajes de calles se dan el orgullo de disimuladamente amenazarme en los sitios que frecuento,  para  contarmen ciertas anecdoctas  de familiares cercanos que usando sus mismas palabras me los recuerdan.  Y hablan y hablan…y sin embargo he encontrado que los que antes aparecieron en mi vida en Bogotá ahora algunos de ellos los veo  en esta ciudad tan hermosa y tan tranquila que no es comparable con otras. Así uno va entendiendo que en este país de marcas y estigmas de familias y de policías ha cambiado muy poco respecto de lo que fue en el siglo pasado, cuando en aquella ocasión por primera vez fui detenido y llevado a un centro de reclusión haciéndome aparentar como una persecución política que de paso ni siquiera andaba por esos caminos, pero para aquellos investigadores, según el amigo yo era un tipo muy peligroso.

Una persona que escasamente sobrevivía a unos percances de familia con unos paisas y con mi papá, en una situación donde casi termino perdiendo el año lectivo en el bachillerato de la universidad  Gran Colombia.

Lo hicieron cuando no existía el internet, y más de un ladino me ha robado cuando he pretendido ganar algo.

Incluso la herencia de un apartamento que me dejó mi papá porque más de uno salió a ganarse algo.

Un tal Aldana,  supuestamente de la brigada, y sin cometer un delito y aprovechándose de su puesto en aquella institución acantonada en Santa Librada, con unos cuentos largos y cortos  en medio de mi locura y las amenazas a que fui sometido durante esos años, me embaucó a un infierno en Bella Vsita que incluso casi pierdo la vida en varias ocasiones fuera de tener un enredo jurícico sobre una casavieja y destartalada adonde resultó el muy villano,  ganancioso; mientras mediante un contrato con el Distrito en el Lago Timiza unos funcionarios de manera vil y reiterada como si hubiera un tejemaneje político, a toda costa me fueron obligando a impedir que culminara dichos contratos, mientras unos hijos de policías de dicho barrio se dedicaron a robar y a colocar rejas donde no deberían colocarse mientras todo un infierno se formó alrededor mío, y donde uno comprende que en este país, y ya lo contaré que hay muchos en  estos organismos policiales que en vez de perseguir a los delincuentes dentro de sus ganancias incluyen a este tipo de personas que estando en esas situaciones adonde la locura y los nervios los están desbaratando personalmente, con el cuentico de que son borrachines y enajenados usan subrepticiamente a los depravados y maleantes de calles, para que los maten.

Mucho más de un ladrón salió, y todavía no he podido saber porque nunca me han dejado reconstruir parte de mi vida que se robaron estos miserables, donde quedaron unas cuentas de ahorros que tuve en Bancafé y  Colpatria  que tiene la torre más alta de Bogotá  , y de la que solo recuerdo que en esa misma institución me cambiaron una de la libreta de mis cuentas de ahorro por otra que  había sido robada, pero que como caso curioso yo he intuido que más de uno participó en ese entuerto tratando de provocarme el deliriums tremens,  ya que por mi experiencia personal se trataba de inducirme al suicidio e incluso en montajes donde casi pierdo la vida, pero que desde que me conozco todos estos personajes hijos de policías y detectives mediante sus artimañas no solo trataron de hacerme aparecer de otra manera, tanto que casi lo logran.  Solo cuando se ha convivido con familiares y con amigos , y despues de haber estado situaciones en las que mi vida ha estado en peligro, cuando comienzo a hilar estos recuerdos, confluyen en un complot de policía y de familia. Ya lo he contado, y faltan muchas cosas más para reafirmarlo, pero el autor sabe que ha estado demasiado marcado.  Desafortunadamente no hay manera de probarlo. Pero si cuento como un tal Gustavo G. y sigo con otras historias  adonde fueron apareciendo amigos y amigas, y los voy relacionando en este extraño complot, y voy contando lo sucedido, podría demostrar que mi vida fue así porque estos estaban amangualados para hacerme daño, que parecían recibir órdenes desde lo alto contra una persona que la mayor parte de su vida estuvo medio ido de si mismo por cuenta de otros, pero que afortunadamente la testarudes y el estudio, y las ganas de contar estas historias para que otros la sepan, además de haber dado gracias a que ya al final de mis años,  hubiera aparecido el Internet, así más de uno de estos malos ciudadanos de cuello blanco, quisieran impedirlo.

Y no tanto porque se hubieran robado mucho, sino que a toda costa a sabiendas que estaba loco, querían llevarme al cementerio.

En uno de esos trabajos sicológicos, un contrato que se podía hacer en unos pocos meses se hizo en más de un año, mientras yo estuve recluido en el antiguo hospital de la Hortúa donde estuve recluido porque me había intentado matar en más de una ocasión, terminando con varillas en la columna vertebral, y que en ese reajuste de mi situación sicológica  así como se agravaba, yo lograba resarcirme hasta que los terminé, y a donde perdí el legado de un apartamento que me dio como parte de mi herencia mi papá, pero lo que no sabía era que casi todos los amigos con los que anduve en esos años de la universidad Libre tenían una relación con éste. e incluyendo otros de Ibagué, donde unos políticos y comerciantes cacharreros parecían que algo más de mi historia sabían de mí, y todos como si se fueran a ganar una lotería conmigo, se lanzaron en lanzas en ristres, que incluso hasta emboladores por estas tierras en el barrio El Jardín, loteros y cuidanderos de carros, vendedoras de dulces callejeros, y toda una cofradía de personajes que merecen vivir y trabajar ahora parecen que yo les debiera algo, y algunos de esos desaforados me ha desmostrado que se parecen a las historias de “El Embrujado“,  ye incluso parece que me conocieran muy bien pues mantienen pendientes de lo que hago.    ¿Se ganaron algo, o se van a ganar su premio?

Así son estos estigmas, y así a uno le parece que esta delincuencia es mucho más sutil, que me recuerdan a unos libros de penal del maestro Reyes Echandía, que murió en el holocausto del palacio de justicia y que hablo sobre los delincuentes de cuello blanco.

Tal vez, habrá que contar otras historias sobre esta larga persecución hecha muy sutil y descarada…

¿Será por eso que muchos en las calles han estado convencidos que ando loco?

A veces uno tiene que hacerse aparecer así para salvar el pellejo, pero no en otros casos; pues tengo varillas en la columna vertebral y otros traúmas sicológicos con los que con el tiempo uno aprende a comprender esas maneras sutiles de estos personajes de mala ley, que enloquecen, desprestigian y matan impunemente, y nadie se da cuenta.

Sigamos…

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