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'Contempopranea'

 

Dice mi amigo Paco, que es un tío muy cabal, que “donde antes había un festival de música en cada pueblo o ciudad, ahora hay una media maratón”. Éstas palabras, a mi entender, resumen un poco cómo van evolucionando la cultura y el ocio en nuestro país. Las administraciones, que lo pagaban todo en tiempos de bonanza, claman ahora que quien quiera conciertos que se los pague. Yo he participado de ese libre albedrío y debo reconocer que estaba equivocado. Cuando las cosas iban bien era cuando la gente se podía pagar los directos. Ahora que la cosa está jodida es cuando hay que poner la música y la cultura en general en manos de quien lo está pasando mal. Un poco de circo sin pan para levantar el ánimo.

La imaginación de los técnicos de las administraciones en general, y de las empresas en particular,  han dado una vuelta de tuerca a la masa gris para proponer actividades dedicadas al público llano donde prime el aprovechamiento del terreno en contra de los gastos desorbitados de producción. Y en éstas, las medias maratones o maratones completas por las calles de una ciudad son todo un éxito. Un deporte barato donde no necesitas nada (salvo unas zapatillas) ni a nadie y las calles por donde pasar ya están puestas. Juntar casi quinientos deportistas de todas las edades en una ciudad como Plasencia es todo un éxito. Espero que la iniciativa deportiva se extienda por muchos años.

La música en directo lo tiene peor. Las vacas gordas aficionaron a muchos mánagers a poner cachés imaginariamente desorbitados a grupos que no metían ni doscientas personas pero, como pagaba el ayuntamiento (o la junta, o el gobierno, o el constructor) pues no había problema. Elementos de producción como equipos de sonido, vallas antiavalancha, estructuras metálicas y más, que se alquilaban como si fuesen Picassos o facsímiles del Quijote. En fin, desvaríos en la profesión que habrán hecho rico a seis o siete pero que, a la vez, le han asestado una puñalada trapera a una cultura musical que se tambalea y que hace caer festivales a ritmo de cifras de paro.

Pero tenemos una buena noticia en Extremadura. Contempopranea continúa. Para cualquier “cultureta” de nuestra comunidad debería ser motivo de satisfacción porque nuestra marca cultural por excelencia y la que más repercusión a nivel de medios tiene en el panorama nacional, junto al Festival de Teatro de Mérida, se ha salvado de la quema. Con el apoyo de la Administración, pero se ha salvado; porque sin ese apoyo conjunto de  administración y patrocinio privado es imposible mantener una marca como lo que representa Contempopranea. Y Agustín Fuentes, el director del Festival tiene esa marca.

Tengo la suerte de haber conocido a Agustín hace poco tiempo. Hemos hablado con tiempo sobre festivales, producciones, música, sentimientos y marca. Me ha parecido un tipo honesto. Alguien que cree en su marca y que vive para su marca. Alguien que va de cara cuando de lo que se trata es de hablar de lo que sabe, de música. No todos en el mundo de la música son así, lo sé porque he tratado con algunos.

Hay lío tal y como preveía. Malos rollos en un hábitat pequeño que se magnifican por el roce diario entre sus vecinos. El matrimonio “dieciochoañesco” da para muchas etapas de vino y rosas pero también para desentendimientos que ponen a las partes al borde del divorcio pleno. Todo por decir que el pueblo no tiene infraestructura suficiente para permitir la supervivencia de la marca. Yo llevo a Alburquerque en mi corazoncito, entre otras cosas porque su castillo ha visto una de mis pocas actuaciones como mago.

Y, sobre todo, porque me han tratado de fábula cuando he les he visitado pero, con respecto al Festival, lo que no es lógico es que dormir una noche en un hotel del pueblo te cueste el doble que el abono completo para ver a todos los grupos y, si esto fuese el Viña Rock, no habría problema porque la gente pondría las tiendas de campaña hasta en la ladera. Pero el público del Comtempopranea va de otro palo. Y eso lo sabe Agustín y cualquiera que conozca un poco el movimiento indie. No hay capacidad hotelera ni para los trabajadores del Festival; con lo que sacas del alquiler de las casa puedes pagarte una quincena en la playa en pleno mes de agosto y las copas a precio de Salamanca o Madrid. Ustedes dirán.

Yo soñé durante un tiempo con la posibilidad de haber traído a Plasencia la marca Contempopranea. Un sueño que duró lo que duran los sueños; hasta que te despiertan. Pero que gracias a ese sueño conocí a un tipo que me cayó bien, de los que dices “para mi es buena gente” y del que me alegro que saque su Festival adelante porque lleva casi dos décadas luchando por ello, aunque las presiones y la convivencia diaria le vayan a costar un trozo de salud. Ánimo Agustín. Suerte al Contempopranea con todos sus temazos.

 

 

 

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