Es lo que hay. No nos alarmemos ni tiremos el móvil de última generación antes de continuar leyendo. No quiero yo que las acciones de dicha empresa se vengan abajo por esta modesta opinión aunque, al parecer, es la misma empresa quien lo dice. Facebook ya no mola entre los más jóvenes.
La razón es fácil de entender. La red social se empieza a masificar y no precisamente de elementos “cool”. El desembarco es completo con la llegada del smartphone. Hasta el propio término (Smartphone) se ha descargado tan rápido que no ha dado tiempo a buscarle una traducción coherente en nuestro idioma.
La familia ha llegado para instalarse y eso, al público más adolescente, siempre le ha tirado un poco para atrás, sobre todo cuando utilizas la red para comunicarte con el chavaleo, las niñas o para expresar tus sentimientos. Padres, madres, tíos, primos, abuelas y demás vinculados de sangre no son los mejores espectadores para contar lo hiciste el fin de semana o para ver en qué pose te encontrabas cuando te echaron aquella foto. Sabes que un comentario suyo, lleno de amor, cariño y familiaridad, puede tirar por tierra una reputación externa ganada a base de hazañas puramente juveniles.
No hay nada reprochable en ello. A la juventud siempre ha gustado ir “una por delante” sobre todo en tecnología; también, vivir una parte de su vida ajena a miradas familiares. Buscan su intimidad asociada a su grupo de iguales y el aprendizaje clandestino de cosas que no se preguntan al calor de la mesa camilla.
Su propio desarrollo se basa también en las experiencias que viven de puertas hacia afuera y en cómo muestran las habilidades y los valores que deben traer de casa. No se puede hablar del caso en tercera persona porque todos, cuando salíamos, nos íbamos lo más lejos posible de donde viviesen nuestros padres, buscando así soltarnos poco a poco de un hilo que se acaba rompiendo en el momento en el que decides vivir tu propia vida. La familia es la que te toca. No tiene nada malo, todo lo contrario, es la única que te echará una mano en momentos de verdadera necesidad, pero la bisoñez del momento te impide fijarte en esos detalles aún.
Ahora los jóvenes buscan twitter, instagram o similar. Lo que no se puede negar es que controlan la red. Tienen información y la manejan. Una información que mana de las mismas fuentes que los conocimientos que les llegan sobre otros controvertidos temas juveniles como la sexualidad, las drogas, lo “trendy” y qué garitos visitar.
El oráculo juvenil hace fluir noticias siempre interesantes e interesadas, a veces ciertas y a veces leyendas urbanas que nutren la imaginación del chaval y la chavala que tiene la cabeza llena de sueños por cumplir y del que hay que estar pendiente para que esos sueños no se conviertan en pesadillas.
Espero que los sentimientos del dueño de “caralibro” no se sientan heridos por tal deserción en masa de los mozos y mozas. Él también se va haciendo un “puretilla”, seguro que lo entiende y por eso ya compró Instagram hace un tiempo. Otro que también maneja la información y que sabe que, al igual que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo, ninguna red social mola para siempre.