Son una especie de oasis urbano. Nunca pensé que un parque infantil pudiera dar tanto juego como el que da, pero sí. Horas y horas de entretenimiento por cero euros. Ahora que transito estos espacios, me doy cuenta de lo mucho que han cambiado los parques de mi generación respecto a los de ahora. Creo que el tema ha sido incluso argumento de monólogo. Jo, si es que es verdad. Los juegos infantiles de ahora tienen un suelo mullido que da gusto y pena pisar. Están perfectamente diseñados. Algunos son multifuncionales, con un montón de accesorios y forma de coche o de barco. Tienen cuerdas, aros, pasarelas, ruedas. ¡Super chulis! Hay de todo. Las empresas que se han dedicado a construirlos y vendérselos a los Ayuntamientos han debido de hacerse de oro.
En nuestra época (finales de los 70-años 80, la prehistoria, vamos) los juegos infantiles estaban sobre tierra llena de chinas que te clavabas en las rodillas y en las palmas de las manos cuando derrapabas. Todos eran de hierro y lucían interesantes desconchones y elementos claramente oxidados y afilados para pillarte un buen Tétanos. Por supuesto los padres que fumaban lo hacían en los parques, contigo delante, y podías manipular tranquilamente las colillas. El tobogán era tan alto como el Empire State, metro más, metro menos y las cadenas de los columpios se rompían y tardaban meses en ser reparadas. Algo hemos evolucionado en los últimos 30 años.
He estado buceando en Internet y he encontrado las normas que deben cumplir los parques infantiles. Tienen que estar a más de 30 metros del tráfico rodado, vallados y protegidos de riesgos externos. Tienen que tener acceso para personas con discapacidad y evitar escalones. También deben tener un cartel en el que se indique las edades para cada juego. Todos los columpios tienen que estar fabricados con elementos no tóxicos y no tener salientes. Tienen que estar en perfecto estado de limpieza y tienen un servicio de inspección que garantiza la conservación.
Hay que hacer caso al cartel que indica las edades de cada uno de los elementos de parque infantil. Casi todos están dirigidos a niños mayores de dos años. Es raro encontrar juegos para mayores de 12 años. En el caso de pequeñines muy pequeñines, no hay que perderles en ningún momento de vista y tener mucho cuidado de sus movimientos. Los padres de niños más mayores pueden darse al entretenimiento paralelo de la cháchara: que si el tuyo que come, que si el mío ha dicho esto…¡apasionante!
Para los cacereños y cacereñas, una queja-reivindicación-apunte. ¡Qué petado está el de Cánovas! La alcaldesa ha prometido aumentar el número de parques infantiles en ese nuestro paseo. A ver si es verdad, que hay más densidad humana que en China.