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Cristina Núñez Nebreda

Juegos de niños

Teta o no teta, ésa es la cuestión

Más de seis meses desde que abrí este blog he tardado en abordar uno de los temas bomba de la maternidad: la lactancia. Y no es por falta de ganas, sino porque es un asunto muy traido y llevado y a veces me da pereza meterme en un jardín del que puedo salir escaldada. Me da la impresión de que, se diga lo que se diga, siempre habrá alguien que se cabree. Pisando minas voy. ¿Teta o no teta? Ésa es la cuestión.

Todo el mundo pontifica, sugiere, milita y a veces la madre se ve un poco acorralada entre lo que quiere hacer, lo que le pide o lo que le permite su cuerpo, y lo que la sociedad o la familia espera de ella. Así que, primer mensaje: hay que vivir la experiencia con toda la libertad de la que seamos capaces, haciendo oídos sordos a todas las consideraciones que vengan de fuera, tanto de los que satanizan a las mamás del biberón como a los que critican a las que mantienen la lactancia hasta los dos o más años. La guerra de la teta, se podría llamar este “affaire” entre madres que defienden uno u otro modelo. Tampoco hay que matarse.

Madre amamantando

La OMS recomienda la lactancia en exclusiva los seis primeros meses

Conozco todo tipo de situaciones y no creo que las madres que han optado por el biberón demuestren un menor compromiso con la crianza de sus hijos o les quieran menos. Me da rabia cuando se cuestiona esto, me parece una falta de respeto por parte de las que abanderan la lactancia de forma radical y no dejan un margen para escuchar cuáles fueron los motivos de las que no dieron teta. A veces no pudieron y a veces no quisieron o se agobiaron, y, hasta esto último puedo llegar a entenderlo a pesar de que yo he dado teta mucho tiempo, feliz y convencida. Creo que es mejor una mamá tranquila dando un biberón que una mujer agobiada con la teta a cuestas.

Entre los argumentos de las que dan biberón los hay de todo tipo. Hay quien desde el principio siente dolor o tiene los pechos mal. Algunas madres pensan que el niño no queda saciado, que no tienen leche suficiente y empiezan a complementar con bibes. Otras se incorporan al trabajo y sus horarios se complican. Algunas quieren que la pareja también comparta la responsabilidad de dar de comer al pequeño e incluso me han contado casos de madres que se quitan la teta para no dar celos a sus hijos mayores. Aunque parezca frívolo hay quien suspende la lactancia para que no se le estropeen los pechos. Las tetas como arma de seducción, cada cual con sus movidas mentales.

La lactancia como método exclusivo de alimento del bebé durante al menos seis meses se recupera como práctica después del boom de los biberones de los 70 y 80, gracias a la labor de difusión de matronas y pediatras. En la mayoría de los hospitales las enfermeras te instan (a veces con métodos radicales como estrujarte literalmente el pecho) a que amamantes. Parece haber consenso en cuanto a los beneficios de la teta: se transmite salud y afectividad. Si la lactancia se establece correctamente, el momento de calorcito e intimidad es maravilloso, además de los consabidos beneficios para el pequeño.  “La leche materna es ideal para los recién nacidos y lactantes, pues les aporta todos los nutrientes que necesitan para un desarrollo sano. Además es inocua y contiene anticuerpos que ayudan a proteger al lactante de enfermedades frecuentes como la diarrea y la neumonía”, apuntala Organización Mundial de la Salud.

Biberón

Muchas madres optan por la leche de fórmula desde los primeros meses de vida

La leche de fórmula es cada vez más similar a la materna, pero no es igual. Hay que tener un cuidado extremo con la higiene de los instrumentos con los que preparamos la leche y con la temperatura. En eso no hay quien gane a la teta. Es portátil y siempre está en su punto. Un restaurante abierto 24 horas.

Los plazos son otra de las cuestiones que más preocupan a las mamás. El destete no puede ser radical. A partir de los 6 meses se va combinando la teta (o el biberón) con los sólidos. La fruta empieza a entrar en juego, luego los purés, la carne y el pescado y, poco a poco, la leche materna se va convirtiendo en complemento, en postre. En momento feliz para mamá y nene, y también en consuelo nocturno que a veces hace que el sueño del niño sea intermitente. Es ahí cuando algunas madres comienzan la dura tarea de quitarle a su hijo ese manjar natural. Otras aguantan el tirón, esperan a que el niño se canse o a que la fuente se seque. Pero a veces no se seca.

En resumen, respeto y libertad es lo que pido y lo que ofrezco, a pesar de mi experiencia personal, que como tal, es solamente mía. No se puede exportar.

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