La belleza eterna del mármol, la grandiosidad del Museo Nacional de Arte Romano, el pasado recuperado… pero la mirada atenta lo que capta es lo que une y lo que separa a dos figuras, una de piedra y siempre joven, un dios la otra, una mujer de carne y hueso, un poco vencida por la edad, pero todavía joven en espíritu, curiosa y con ganas de saber, calzada con zapatos planos, y toda de negro. La otra, la escultura blanca e hiératica, llena de curvas, atrapado en una serpiente y en piedra; la mujer, libre con su bolso a cuestas, que se movía por el Museo con ganas de seguir viendo, seguir caminando… El fotoperiodista se detiene, y apunta con su objetivo para retener este encuentro entre las dos figuras en el Museo.

Dos figuras en el Museo Nacional de Arte Romano, 2.000 años de distancia.