Aunque las nuevas tecnologías vayan ganando terreno y los correos electrónicos y los sms navideños desplacen poco a poco a las felicitaciones de Navidad, existe un clásico que llega a muchos buzones de todo el planeta. Son las tarjetas de Unicef. El paquete cuesta nueve euros y consta de diez felicitaciones con sus correspondientes sobres blancos. El organismo para la atención de los menores diseña y fabrica sus tarjetas, por lo que esos nueve euros van a parar íntegramente a proyectos en países en vías de desarrollo. El año pasado la venta de las tarjetas alcanzó 130 millones de dólares, una cantidad que se ha invertido en proyectos de desarrollo en 158 países. Con esos nueve euros se compran nueve estetoscopios para oír los latidos del corazón de un niño antes de nacer o seis pizarras para una escuela de Bangladesh.