Las diferentes infusiones y tés están de moda. Una de las más actuales es el del popularmente conocido como ‘té de rooibos’. En contra de lo que muchos creen, el rooibos no es un té, sino una infusión extraída de un arbusto africano, el Aspalathus Linearis. De sus hojas y ramas se obtiene esta tisana de larga tradición en las regiones cercanas a Ciudad de Cabo, en Sudáfrica.
Hasta hace relativamente poco tiempo este arbusto crecía de manera espontánea y natural en las montañas de esta zona. En cambio ahora, y dada la creciente demanda de países occidentales y del propio Japón (posiblemente sea la infusión de moda en media Europa y EE.UU.), se ha desarrollado un cultivo intensivo que pasa por muchos controles de calidad antes de llegar a nuestras tazas.
Sus beneficios para nuestra salud son muchos y su sabor afrutado y dulce lo ha hecho muy popular en su país de origen. Y es que el rooibos cuenta con sustancias básicas en una buena nutrición y no contiene ningún excitante o estimulante, lo que lo convierte en una infusión apta para todas las edades y para todos los momentos. Tanto es así que, desde sus orígenes, el rooibos está muy recomendado para mujeres embarazadas y para niños, incluso en edad lactante. A este grupo pueden unirse personas que por distintos motivos no puedan tomar otro tipo de infusiones como es el caso de los que sufren problemas de nervios o hipertensión. Cabe destacar además que también se recomienda en caso de ansiedad, estados depresivos, estrés, insomnio, nerviosismo y dolor de cabeza. Otros seguidores del rooibos son los que buscan en él sus efectos dietéticos ya que ayuda a prevenir la retención de líquidos y a acabar con las malas digestiones o el estreñimiento. Es por ello que empieza a ser muy recomendado por especialistas en las dietas de adelgazamiento.
En resumen, nos encontramos ante una infusión sana y sin nada de teína. Así, los que huyen de las sustancias excitantes deben saber que es muy rica en magnesio, un elemento de gran importancia para el sistema nervioso.
Según los historiadores, fueron Watt y Breyer-Brandwijk quienes incluyeron hacia 1932 el rooibos en su lista de plantas medicinales originarias de Sudáfrica. Asimismo, botánicos y exploradores que viajaron a este país a finales del siglo XVIII dieron referencias del consumo de rooibos como bebida caliente por los Khoisan, uno de los grandes grupos étnicos del sur de África.
Al parecer, durante los meses cálidos recolectaban las hojas del arbusto rooibos, las picaban, las machacaban y las dejaban fermentar y secar al sol; práctica que se sigue llevando a cabo hoy en día a pequeña escala. A partir de ahí, la planta seca se reconstituía con agua caliente. Así es como se prepara también hoy, en forma de infusión, como una alternativa al té oriental, y se toma bien caliente, solo o mezclado con leche y azúcar.
Pero la medicina tradicional africana le ha dado, y le sigue dando, más usos que la de simple infusión. La aplicación tópica del extracto de rooibos se emplea, además, para aliviar problemas de la piel como eczemas, irritaciones o erupciones cutáneas.
Algunas de las propiedades que se le achacan a esta planta son:
Preparar una taza de esta infusión es muy sencillo: agua caliente y la cantidad equivalente a una cucharada de postre de rooibos por persona. Se debe dejar reposar unos cinco minutos y ¡listo! Mientras más tiempo se deje antes de beber, mayor será la cantidad de antioxidantes que el té contendrá. Éste puede servirse solo, con leche fría o caliente, y con limón. Asimismo, puede ser ligeramente endulzado con miel o azúcar, o beberlo sin ningún edulcorante. El rooibos, además, es exquisito para beber como té helado.
En Sudáfrica, a menudo, el rooibos es utilizado en la cocina de todos los días, dado que no sólo proporciona grandes cantidades de minerales y vitaminas a la dieta y ayuda a la digestión, sino que realza los sabores de los alimentos.
Un consejo: siempre que se pueda, debe comprarse rooibos en hoja, ya que es de mayor calidad que el que viene embolsado y suele tener mayor frescura. Lo hay solo y con canela, naranja, limón…
SUGERENCIA: Roiboos helado, para refrescarse y no engordar
Para calmar tu sed este verano, te propongo un rooibos helado. La hidratación en verano es indispensable y es recomendable aumentar el consumo de agua y líquidos. El rooibos está libre de teína, por lo que lo podemos tomar a cualquier hora sin temor a perder el sueño, también es ideal para los niños. Cuando lo preparamos en frío la bebida es muy refrescante.
En el mercado podemos encontrar combinaciones de rooibos mezclados con otros ingredientes naturales, como por ejemplo el rooibos de fresa y naranja o el rooibos ipanema. Estas mezclas no entorpecen para nada las propiedades naturales del rooibos, pero nos lo hacen más apetecible y al gusto de todos.
Preparar el rooibos es muy sencillo y podrás elegir entre estas tres formas:
1.- En infusión: Realiza el rooibos de la forma habitual e introdúcelo en la nevera.
2.- En infusión concentrada: Realiza la infusión de la forma habitual pero en menor cantidad de agua. Complétala con hielos para enfriarla rápidamente.
3.- Por maceración: Pon en una jarra la cantidad de Rooibos necesaria (3-4 cucharaditas de postre por litro de agua) añade agua del tiempo y azúcar al gusto si te gusta endulzarlo. Deja la jarra en la nevera toda la noche (8-9 horas) y, a la mañana siguiente, retira las hojas de la infusión, remuévelo y ya lo tienes listo para disfrutar a lo largo del día.
No obstante, hay quien muestra reparos al consumo de esta planta porque considera que aún no está suficientemente estudiada. Hace unos cuatro años la revista Eroski Consumer publicó un artículo sobre el rooibos que ponia unos cuantos ‘peros’ a esa moda que entonces comenzaba a extenderse como una mancha de aceite.