Seguro que a más de uno le ha sucedido la siguiente estampa: Se te antoja cocinar y buscas la receta. A mí me dio por hacer un Tiramisú. Leí la receta y comencé con el primer paso: “Separar cinco claras de las cinco yemas”.
Desde el primer momento, supe que iba a ser testigo de un desastre. Primero lo intenté como lo hacen las abuelas, rompiendo el huevo y moviendo la yema de un lado de la cáscara al otro. Demasiada pérdida de tiempo e inversión de paciencia.
Después probé con la técnica de romper el huevo en la mano, y dejar que la clara se deslizara por los dedos. El primero me salió de diez. El segundo también. Y cuando más confiada andaba, la cuarta yema se deslizó entre mis dedos. Presioné por aquello de no dejarla escapar, y como resultado, se rompió y se mezcló con todas las claras. Los cinco huevos, pasaron a nueve, y mi paciencia a cero en segundos. De eso no ando muy sobrada, como tampoco andaba sobrada de huevos.
Entonces pensé que, en estos tiempos de gadgets variopintos y para todos los gustos, tenía que existir uno que facilite la existencia y sobre todo, que me ayude a que el tiramisú, mi postre favorito desde ahora, no se convierta en una auténtica odisea cada vez que se me antoje. Y en efecto, buscando en Internet, en diferentes páginas web que venden utensilios de cocina, lo encontré como una luz que ilumina un túnel: los separadores de yemas.
Los hay de dos tipos. Aplicando la misma técnica que con las manos pero encima de una cucharilla con agujeros por donde cae la clara. Muy similar a un colador. Y el segundo, succionando la yema apretando el utensilio. Solución de pocos euros, menos de lo que cuesta una caja de huevos, como el colador, que no alcanza los dos euros, y sobre todo divertida.
Para los que son algo reticentes en esto de adquirir gadgets culinarios para cada problema que se plantea entre fogones, yo les digo, ‘tranquilos, no está todo perdido’. Hay un truco casero que no viene mal tener en cuenta. Tan solo se necesita una botella pequeña de plástico. Ponemos los huevos en un plato, un cuenco, lo que tengamos a mano y apretamos la botella para succionar la yema. Así de fácil y sencillo. Para los que sigan sin ver la facilidad del asunto bueno resulta este vídeo explicativo.
Si llego a saber esto el sábado me hubiera ahorrado huevos, paciencia y que de cena hubiera tortilla para todos. Eso sí, el tiramisú, buenísimo.