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Enrique Falcó

ENRIQUE FALCÓ

Enemigos Íntimos

Aunque no se lo crean quien suscribe no le cae bien a todo el mundo, faltaría más, y gracias a Dios, pues maldita la gracia que tiene el menda de caerle bien y tener relación con según qué determinada gentuza. Hay algunos, a los que por el hecho de tener que reírles las gracias por obligación y educación, se piensan que ya gozan de mis simpatías y se creen mejores que yo. Hay cretinos en el planeta Tierra que se creen muy listos y no son más que una panda de horteras y “payasetes” patéticos. Uno, que no es de piedra, y aunque cachondo y bonachón, no siempre puede permanecer imperito, cuando llega el momento y envía a zurrir mierdas con un látigo a saber a quien, éstos siempre recurren al insulto más fácil y poco ocurrente que se les pasa por la desmenuzada sesera. Es decir me insultan (evidentemente nunca a la cara, no hay huevos, que diría Trillo) haciendo eco de que estoy un pelín más gordo de lo que debiera…apenas 50 ò 60 kilillos de más.

Más lamentable incluso es el hecho de quienes buscan una desesperada explicación a que mi novia goce de una esbelta lozanía, gran belleza y cierta “buenez” inexplicable para tan indigno acompañante. Lo de siempre, como uno es gordo no puede tener una novia guapa y delgada. Qué curioso, cuando era más joven y pesaba sesenta kilos al insultarme me dedicaban frases como “ese se lo tiene muy creído” – ¿El qué? – Me preguntaba yo. Vamos, que de una manera u otra pensaban que era guapo, o que estaba bien.

Siempre con la superficialidad de por medio. ¡Que feo es, valga la redundancia, insultar haciendo hincapié en defectos físicos de los que nadie tiene la culpa! (aunque bueno, en mi caso quizás sí algo, bueno no un poco, bueno no casi todo). Aquellos que recurren a la mofa física, habría que advertirles que no todos tienen la autoestima tan sobrada como quien les habla y a muchos puede afectarles seriamente. En especial tales muestras de desafecto tornan a repugnantes cuando el insulto va dedicado a una mujer que no goza de los cánones de belleza actuales. Y yo me pregunto ¿Es que los gordos, los pati-cortos, los más bajos, los que tienen más granos o la nariz más grande u orejas, o los dientes más descolocados, no tienen derecho a ser felices? ¿A disfrutar de la vida? ¿A amar y ser amados?

Como diría mi gran amigo el Poeta murciano-extremeño Ángel Manuel Gómez Espada en su “Amo a la mujer Barbuda del Circo” es muy probable que hayan olvidado qué es aquello de amar sin compromiso. Les dejo aquí el poema para su disfrute, y para ver si más de un cretino se entera de una vez.

 

Amo a la mujer barbuda del circo

“Amo a la mujer

barbuda del circo. 

Y ella, a su manera,

me corresponde.

Como muestra de amor,

 lava mis pies cansados

y yo, con mi navaja, la afeito.

 

No nos importa

que el circo se marche

mañana y no vuelva.

Yo le regalo rosas

 y maquinillas de doble hoja.

Ella me dice que nadie

más le atusará la barba. 

Yo le prometo

aprender funambulismo.

 

En casa, mis hermanas

se ríen, y mis padres

no me hablan. Hace años

que olvidaron qué cosa es

amar sin compromisos.”

Ángel Manuel Gómez Espada

 

Don de LOCH LOMOND

Sobre el autor


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