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Enrique Falcó

ENRIQUE FALCÓ

Capitán Trueno

Enrique Falcó. Goliat

“Ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno, ven Capitán Trueno, que el mundo está al revés”. Así reza el estribillo del temazo musical del grupo “Asfalto”, uno de tantos excelentes grupos de Rock Urbano en España a finales de los 70.  Solo por temas como “Capitán Trueno” “Rocinante” y “Días de escuela” otros clásicos del grupo, “Asfalto” merece permanecer con letras de oro en los anales de la historia de la música española. “Capitán Trueno” es una preciosa pieza con una bella melodía, mejor música y una letra ejemplar. Precisamente este pasado 2011 unos renovados “Asfalto” grabaron una nueva versión para incluirla en la banda sonora de “El Capitán Trueno y el Santo Grial” dirigida por Antonio Hernández. Craso error, pues la nueva versión no está a la altura, como casi siempre ocurre, de la original. La canción rebosa reivindicaciones por los cuatro costados.  Denota y connota sueños increíbles y es emocionante en grado sumo. Suena a fin de la dictadura y llegada de la democracia (precisamente está compuesta en el año de mi nacimiento, en 1978), a lucha social, a búsqueda de libertad. En definitiva, recuerda a la generación de nuestros padres, de los que ahora rondamos la treintena. Aquella sufrida generación que tanto luchó, contra sus progenitores, y que tanto presume que trabajó en pos de la libertad para darnos a sus hijos un mundo mejor. Es curioso pero dicha canción parece también muy apropiada para los jóvenes de hoy en día, quienes a pesar de haberse mal criado en el fantástico mundo que nuestros súper mayores consiguieron para nosotros se encuentran destinados a sufrir miserias y calamidades de igual o mayor postín que éstos en el pasado.

Insistentemente y cada vez más, parece que la generación de hoy nos vemos obligados a pedir continuamente perdón por no haber pasado las miserias y penalidades de una postguerra o sufrido las consecuencias de una dictadura, por habernos preocupado de estudiar y formarnos (por insistente obsesión de nuestros mayores) por tenerlo todo bastante más fácil, y sobre todo por criarnos en libertad. Estoy hasta los guindos (y no me refiero al ministro de economía, aunque me viene al pelo) de los que presumen de haber corrido delante de los “grises” y se creen ya que han sido ellos los que han instaurado la democracia en este país. En cierto modo sería absurdo negar la evidencia de que lo hemos tenido más fácil, a Dios gracias, como debe de ser, y todavía les parecerá a muchos que nos han hecho un favor. No pretendo desmerecer los esfuerzos y sacrificios de la generación que nos precede, ni mucho menos, ni desposeerla de mérito alguno. Pero ahora bien, desde el comienzo de la humanidad casi siempre el progreso ha sido la meta del hombre y así, grandes personas han facilitado y mejorado con sus estudios, inventos o descubrimientos la vida de las generaciones futuras, por lo que no deberíamos dedicar nuestra vida a agradecer lo que hicieron nuestros mayores por nosotros, sino a seguir su ejemplo y construir un mundo mejor para nuestros hijos. No debemos nada a nadie. Lamentablemente muchos de aquellos jóvenes que tanto lucharon por darnos un mundo mejor (hoy banqueros sin escrúpulos, políticos chorizos, empresarios explotadores y demás) son los que han convertido este país en lo que es ahora, un despropósito continuo, en el que obligan a pasar a sus hijos por las mismas calamidades que ellos pero adaptadas quizás a los tiempos. Algunas como la emigración han variado poco.  Cada vez más jóvenes que tienen que buscarse la vida en otros países debido a la ausencia de oferta de trabajo, pero sumando el gran número de estudiantes universitarios que terminan sus estudios en el extranjero y deciden quedarse allí, pues ya son conocedores de lo que les espera si vuelven, lo que se conoce hoy en día como fuga de cerebros. Para muchos jóvenes de hoy, la falta de trabajo y de oportunidades, y la imposibilidad de vivir su propia vida, emancipándose y realizándose como persona, puede ser tan duro y frustrante como la privacidad de libertad de entonces. Es horrible no poder expresarse con libertad, que te mantengan reprimido antes las injusticias que se cometen día a día y no poder hacer nada por cambiar las cosas. Así se sentían antes los jóvenes cuando no podían leer a un determinado autor por sus ideas, o ver alguna película por su temática o expresarse artísticamente de una u otra forma, o manifestarse a favor o en contra de algo o alguien, pero de igual manera se sienten hoy muchos jóvenes al ser explotados a cambios de sueldos de miseria que producen parecida impotencia.

Los jóvenes de hoy no somos tan diferentes ni  hemos cambiado  tanto. Ambos ansiamos vivir mejor y ser más felices. No importa tanto la causa de la infelicidad sino que ésta siempre está presente de alguna manera. Los jóvenes de finales de los 70 cantaban al Capitán Trueno para que viniera a liberarlos de los malos, y ganara el bueno. Los de hoy, aunque la canción y el héroe pudieran ser otros no dejan de cantar algo parecido. El problema está en que quizás los buenos de entonces sean algunos de los malos, los piratas de ahora, y los océanos de tebeos y espadas de papel sí que se antojan anticuados para defender una causa tan justa, necesaria y vital como la propia justicia. Como reza la dulce canción, del Capitán Trueno, reflejado como el héroe defensor de la justicia, aprendimos que el bueno es el mejor, pero el tiempo, ese puñetero mal nacido, fiscal implacable donde los haya, nos muestra impasible que el mundo no es tan bello como las canciones. ¡Ven Capitán Trueno…que el mundo está al revés!

Publicado en Diario HOY 15/01/2012

Don de LOCH LOMOND

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